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Recordando



La vie en rose - Louis Armstrong






Recordando











Pasaron 2 largos años llenos de soledad y tristeza.

Hoy hubiera sido nuestro aniversario 31. . . 31 años de estar juntos que no pudieron ser.

Decidiste emprender este viaje hace 2 años y 5 meses. Y aún te extraño muchísimo. A veces despierto con mucha ansiedad esperando verte atravesar mi puerta, y pese a que sé que físicamente no estás, igual te espero.

Son muchas las madrugadas en que deambulo, tomo 1 café y espero. . . siempre espero que por un instante vuelvas a mi.

Son muchas las veces que tengo la necesidad de conversar con vos y en mi interior mantenemos largas e interesantes charlas.

Son muchas las veces que siento el calor de tu mano tibia que toma la mía y la dulzura de tus besos en mis mejillas.

Amor, te cuento que cuando decidiste descansar por un tiempo, nos mudamos a Neuquén y al embalar todas nuestras cosas encontré tus escritos cuidadosamente guardados en el fondo de un cajón protegidos por un lindo envoltorio cual si fuera el mejor de tus tesoros. ¡Y lo era! Si bien los conocía, nunca había notado que en ellos reflejabas tu personalidad, cuestionadora y reflexiva, tu alma noble, tu espíritu fuerte y lleno de coraje, tu humor naif… 

Tu entrega era total ante un papel en blanco y un bolígrafo en tus manos. Me alcanzabas tus escritos con orgullo. Tus ojos pícaros me decían: ¡Mirá! No está bueno lo que escribí para vos?, y esperabas ansioso la reacción de mis ojos, de mi rostro, de mi boca. . . 

Te pido perdón por no haber disfrutado lo suficiente de esos momentos, por no darles la importancia debida que tu ansiedad esperaba, por no comprender lo valiosa que fui para vos.

Hoy siento un gran agradecimiento por tu amor sincero y por tu respeto, pero para llegar a este hoy, pasé por mucho dolor, por contradicciones emocionales increíbles que no podía manejar. Mi alma paseó por oscuros senderos sin poder evitarlo; entre el amor y el odio en un abrir y cerrar de ojos. 

Cuando te fuiste mi espíritu se comportó como las hojas secas a merced de los fuertes vientos neuquinos, arrimándose a veces al dolor y otras al miedo a ponerme de pie, a continuar mi camino sin vos. 

Tuve broncas que ni yo misma entendía los porque de ellas y muchas, muchas ganas de gritar, de tenerte frente a mí y pegarte hasta cansarme, hasta que mi grito traspasara todas las fronteras del universo, hasta destruirme las manos, hasta quedarme sin pies. . . Y te eché todas las culpas de mis inseguridades, de mis temores, de mis fracasos. . . Te habías marchado sin mí.

En este transitar tu ausencia conocí todos los odios, rencores, resentimientos que nunca me imaginé que pudieran existir en mi corazón; y culpa, mucha culpa; tanta que deje de dormir por mucho tiempo pensando que tal vez yo hubiera podido hacer algo mas para retenerte a mi lado, para ganarle a tu muerte y regalarte aunque sea un día más a mi lado.

Hoy que comprendí con mi propia vida, que la vida y la muerte son las dos caras de la misma moneda, que la muerte era el descanso que necesitaba tu cuerpo para tomar fuerzas y regresar en otra existencia con nuevas energías, con  ímpetu renovado, con más ganas de vivir nuevas experiencias. 

También comprendí que luego seguiré tus pasos y, que en algún momento de nuestro círculo de existencias y muertes, volveremos a encontrarnos, como vos querías y juntos comenzaremos un nuevo camino.

Hoy estoy con el corazón en paz. Y sigo amándote, y duermo tranquila.

He vuelto a sentirme feliz.
















La espectadora

Ella Fitzgerald and Louis Armstrong - Summertime 




La espectadora





La muerte se presentía, se palpaba en cada respirar profundo, en cada paso lento, esforzado, cansado. . . 

Conmovía mi corazón ver el deterioro apresurado de ese hombre inquieto, fuerte, inteligente, de gran cultura y tan ávido de conocimientos que fue mi amor, mi compañero de muchos, muchos años.

Dolía verlo pasar horas y horas esperando el comienzo en la tele “de la monita”, novela risueña y liviana que le hacía olvidar sus dolores y que muchas veces lograba sacarle una desdibujada sonrisa por lo disparatado de la historia. 

El esperaba con anhelo las 6 de la tarde. Era la hora mas soñada, su cita mas importante . . . Su encuentro con Natalia Oreiro, su nuevo amor, la mujer que llenaba sus días de nuevas ilusiones, de alegrías , de risas desopilantes. . . después, horas y horas de mirar por la ventana siempre el mismo paisaje, la misma calle, el mismo árbol, la misma puta y maldita soledad.

El nunca se había imaginado, en su juventud, que algún día esperaría ansioso el comienzo de una novela, pero, allí estaba, sentado en primera fila, cual único espectador de una obra de Moliere.

Sabía que eran sus últimos momentos. Me decía: - pety ya me estoy yendo- y yo no podía responderle. Sabía que era inmediata su partida y no había palabras llenas de esperanzas que pudieran servir de consuelo, salvo mi mano extendida tomando las suyas, mi abrazo fuerte, cálido y protector, la humedad de mis besos en sus mejillas, y la ingenua intención de retenerlo junto a mí un día más.

Tanto él como yo sabíamos que la vida y la muerte eran las dos caras de una misma moneda, que convivíamos con ella desde el mismísimo momento de nacer; que nuestro cuerpo, todo, estaba formado por millones de pequeños universos imperceptibles a nuestras conciencias; universos compuestos por células que día a día morían y eran reemplazadas inmediatamente por otras jóvenes y llenas de energía, sin que lo notáramos. 

Y así, siempre, una y otra vez, este círculo de vida, de muerte, de vida.

Las 6 de la tarde. Ya no caminaba pero esperaba firme, como siempre la llegada de "La monita". Repentinamente una gran tormenta, como hacía muchos años que no sucedía quebró mi aparente quietud. Grandes estruendos de truenos, rayos, refusilos derribaron mis barreras, destruyeron mis defensas.

En un segundo se hizo la noche. La oscuridad total en el día, la oscuridad mas absoluta en mi alma.

Verlo allí, en su silla, tan quieto, tan absolutamente inmóvil, con la cabeza gacha. . .

No supe más de mi. No pude razonar. Me desesperé.

Corrí a abrazarlo y mi alarido fue tan pero tan grande que atravesó mi garganta y laceró mis tripas.

El dolor que sentí fue tan íntimo y profundo que no cupo nunca más dentro de mi cuerpo.

Mis gritos fueron aullidos que salieron de lo más profundo de mi alma. Todas las lastimaduras de mi espíritu quedaron en carne viva.

Quedé desgarrada.

La tormenta de mi alma bañaba mis ojos, la tormenta del mundo inundaba las calles.

Salí a la vereda. . .  grité. . .  pedí auxilio. . .  nadie escuchó.

Golpeé a puertas que no abrieron. . .  supliqué a corazones que se cerraron.

No había muerto aún. Era sólo el anuncio escalofriante de que estaba próxima.

Me transformé en la espectadora de esa lucha única y personal del hombre que pelea y se niega a entregar su existencia. 

El traje perfecto



Beethoven - Silencio




 El traje perfecto




Una semana pesada, densa.

El cansancio gana y lo único que espera es una cama cómoda, poder estirar sus piernas, acomodar sus huesos y dormir y dormir  y dormir.

Con  su mente en blanco ningún pensamiento la invade ya; una música suave y melosa  la envuelve.  

Poco a poco se deja ganar por ese  letargo dulce y tibio que la hace sentir tan reconfortada. Primero los pies… las piernas… la espalda… los hombros.

 Su espíritu se eleva lentamente sobre ella en un cúmulo de recuerdos distantes, tantos, que no alcanza a distinguir cual  de ellos es el primero y cual el último. Se siente tan plácidamente en paz.

Llega a su memoria aletargada la imagen de él, alto, seductor, que la sigue  en cada paso y apenas le roza sus cabellos su cuerpo se estremece, una tropilla de caballos revoluciona fuertemente su corazón y todos los poros de su piel se abren para recibirlo. 

Sabe que ese hombre  que acaba de conocer, que la inquieta, que la desea,  que la calienta, es el definitivo en su larga vida llena de ricas experiencias amorosas y reconoce en él al amor único, definitivo y total que la acompaña hasta hoy.

En su dulce y tranquilo sueño comprende que el amor es como ese traje que le queda perfecto, que no le sobra, ni le falta, ni le ajusta, ni le incomoda, ni la lastima;  así,  como la propia piel… el traje perfecto.

Emite un susurrante sonido de placer. Y duerme … y duerme… y duerme...Duerme junto a el…  le toma de las manos …
y nunca mas despierta.





La princesa de mi castillo llamada Alibeth



ENYA / EL SUEÑO DE LAS HADAS






La princesa de mi castillo llamada Alibeth











Una vez, hace tantos años que ya parece una leyenda, una
hermosa princesa llamada Alibeth habitaba mi castillo: el mas grande, cálido, fuerte y contenedor.

 La mamá de la princesa de mi castillo pensaba que Alibeth era un poquitín tímida; al menos eso creía ella, y como la amaba con locura quería evitarle todos los sufrimientos de la vida,  todas las decepciones a las que se vería expuesta al crecer, así que decidió atarla a la pata de la cama con un hermoso lazo de seda rosa, para que nada ni nadie pudiera lastimarla.

Alibeth no podía salir, ni tener amigos, ni nada. 

Todo lo tenía dentro de mi castillo, cálido, grande, fuerte y contenedor, pero, como siempre hay un pero en todas las historias, Alibeth creció y comenzó a soñar, y a anhelar otras experiencias. ¿Cómo podría hacer para vivirlas si estaba atada a la pata de la cama?...

Ella no quería tampoco lastimar a su mamá, así que pasaba día tras día sin oponer resistencia, pero su alegría iba desapareciendo poco a poco, hasta que una noche, en un dulce sueño se le apareció su hada madrina y le hizo ver que su lazo la mantenía atada a la pata de su cama porque era ella misma la que no se atrevía a desatarlo y salir del castillo a explorar nuevos mundos y si no se atrevía, era porque aún no estaba preparada para partir.

Alibeth despertó sintiéndose extrañamente feliz, satisfecha. 

Cerró sus ojos con fuerza. Se hizo finita, finita, finita, hasta que su finitud fue tanta que se volvió un hilo luminoso que se deslizó suavemente por entre los pliegos del nudo de seda rosa.

Y se elevó sobre el castillo convertida en un pájaro de luz. Dió unas vueltas sobre él en señal de despedida y agradecimiento.

Quería impregnar sus retinas con la calidez, el amor y el confort que la había contenido hasta entonces y voló tan alto como sus alas se lo permitieron, tan alto como ella se lo propuso buscando nuevos horizontes.

Había comprendido que las experiencias ajenas no le servían y fue en busca de las propias.







Jaque mate


Rachel Portman - Passage of Time (Chocolat Soundtrack)






Jaque mate








La idea ronda en su cabeza desde hacen varios días. No puede pensar en nada más. Es una partida de ajedrez  en que debe analizar con cautela  cada movimiento  para salir exitosa de la contienda.

Las ganas de avanzar le quita el sueño. Tal vez su imaginación va mucho más allá  que  la mismísima verdad, aunque… ¿no dicen que muchas veces la realidad supera la ficción?


Se pregunta, ¿será tan así como lo cuentas tu?... ¿o tu… o tu…?

No queda otra que decir que si y tocar, por fin , el cielo con las manos, o con el alma.

Se decide. Busca a su mejor amigo,  lo mira, lo toma de las manos y le dice ¿vamos?

El comprende inmediatamente y sin mediar palabras, suavemente, lentamente, con  extrema delicadeza, le devela el misterio. Ella realmente toca el cielo con las manos, con el alma, con todo su cuerpo.

Y se siente plena, satisfecha .

Al día siguiente, se encuentra con Alex, su novio y cuando el la presiona nuevamente para hacerla  suya, para dejarle su marca, ella se deja vencer, y termina y se siente doblemente feliz porque disfruta de su sexo, porque no siente culpa, porque sigue siendo  fiel a si misma, porque sigue siendo su propia dueña aunque el crea lo contrario.

El placer que siente es infinito, sublime.

Gira y gira sobre si misma riendo como una loca.

Esta partida la gana ella matando al rey. Jaque mate al machismo.






Cuando un grito se rompe



Malo eres - Bebe



Cuando un grito se rompe





Cuando él perdidamente borracho la cercó entre las cuatro paredes de su habitación, puso sus asquerosas manos sobre ella y como siempre, la golpeó y la desgarró y la taladró, violándola reiteradamente.

Tenía la certeza que continuaría callando y se durmió tranquilamente; sabía que esta nueva vejación también quedaría impune. 

Ella quedó extenuada. Destruida. 

Eran muchas las veces en que se sintió obligada a callar, pero esta vez dijo ¡BASTA!.

Juntó fuerza sobrehumana y de un solo golpe lo mató. 

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Con la mirada perdida en el más profundo de los abismos se dejó trasladar en un patrullero sin ninguna resistencia. Los policías sumaban a la situación un dolor diferente. Un dolor sin dolor, lacerante...largo... interminable... y sus comentarios burdos, irrespetuosos, chabacanos que hacían sobre ella no la herían ya. 

En la enorme celda severa y fría de la comisaría, donde su único mobiliario era una grosera cama de cemento y un sórdido excusado sin puertas, pasó la noche más solitaria y dura que nunca. 

El olor a orines y la presencia de cientos de cucarachas eran una sola mezcla nauseabunda de las peores de las miserias, únicos compañeros de su absoluto desamparo; pero a ella parecía no importarle. 
Seguía con la mirada fija, perdida quien sabe dónde y solo se permitió reaccionar cuando a los empujones, fue llevada a una sala donde un policía se colocó un guante de látex… 

Esa visión la sacó de sí misma y gritó, más bien aulló de terror.

¡Quien sabe que terribles recuerdos la invadieron!...aunque solo le tomaran sus huellas digitales. 

Pasó toda la noche sin moverse, con las fuertes luces de las lámparas golpeándole el rostro sin piedad. 

Temprano fue trasladada a tribunales y nuevamente regresada tras las rejas en ese sótano maloliente y oscuro hasta declarar ante el juez. 
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Un cubículo del tamaño de su pañuelo. La puerta de chapa se cerró exigiéndole, sin respetar su pudor ni su temor, que se desnudara. Revisaron sus ropas. Le obligaron a abrir su vagina y su ano y con una larga vara revisaron sus calzones ensangrentados. 

La humillación que sintió fue extrema pero ese dolor sin dolor, no dolía ya. 

Comprendió que la justicia la violaba nuevamente sin la más mínima piedad. 


Llegó su turno. El juez la escuchó repetir una y otra vez lo que había leído en el diario la noche anterior: 


“De la piel para adentro empieza mi exclusiva 
jurisdicción. Elijo Yo aquello que puede cruzar o no 
esa frontera. Soy un estado soberano y las lindes 
de mi piel resultan mucho más sagradas que los 
confines políticos de cualquier país”.

Y en los ojos de ese juez, un pequeño atisbo de comprensión pareció darle consuelo. 


Y la dejó libre… 

¿Libre? ... 




bebe ella





Voyeur


Carla Bruni - L'amour (Subtítulos Español)




Voyeur










La nieve caía intensamente sobre la ciudad, 

iluminando con su brillantez la fría noche invernal. 

Ella regresaba a casa apurando el paso, sus tacos 

rechinaban contra el asfalto en estos pasos cortitos,

 rápidos, que intentaban tener alas para que, en un 

abrir y cerrar los ojos, mágicamente encontrarse 

ante su pórtico.


Su apuro era tanto… el calor que sentía la 

quemaba y sus ropas, húmedas por su propio 

sudor le marcaban el camino de su urgencia. 


Al llegar, su premura se hizo más intensa. Abrió su 

puerta y rápidamente fue despojándose de sus 

ropas, una a una, en el living… en la cocina… en el 

dormitorio… en el baño… 


Totalmente desnuda, acompañada solamente por 

la tenue luz de esa lámpara que iluminaba apenas 

su cuerpo oscuro se precipitó bajo la ducha.


 El copioso sudor que brotaba desde su interior y el 

sensual aroma a canela que invadía el ambiente, le 

encendió los sentidos. El agua tibia la acarició con 

intensidad y el suave jabón en sus manos la llevó 

en un viaje audaz, intrépido, haciéndole conocer 

todos los paisajes que albergaban su universo. 


Cerró los ojos. Sus latidos resonaban con violencia 

en sus sienes y en su pecho.


El placer por su recorrido era tan hondo… tan 

profundo…


Recorrió en esos breves minutos valles y ríos, 

atravesó cielos e infiernos, experimentó erupciones 

de ancestrales volcanes, disfrutó del calor del sol 

quemando su negra piel y de la lluvia mojando sus 

larguísimos cabellos cuyos rulos desarmados 

cubrían sus pechos como una gigantesca mano 

tibia que la sujetaba suavemente. 


El agua no apagó su fuego; tal paradoja de su 

vivencia, la encendió más aun y al no poder escalar 

la cumbre más alta que encontró en su paseo salió 

corriendo, mojada y ansiosa hacia el pequeño patio 

interno de su casa, cubierto por la nieve que caía 

copiosamente en esta cruda noche invernal…


Con desesperación se acomodó sobre ella 

estirándose placenteramente. Ansiaba ya apagar 

su incendio sea como sea; los hilos de su 

imaginación materializaron una pluma que suave 

lentamente caía sobre si posándose sobre las 

yemas de los dedos de sus pies, abriéndolos, 

estirándolos y con ellos, todo su cuerpo. 


Un fresco olor a menta le impregno sus sentidos. La 

pluma, suspendida en el aire, apenas le rozaba su 

piel tan sensible, tan ávida… subió por sus 

piernas… y siguió su camino, jugueteando con 

intensidad hasta que su grito rompió las barreras 

del sonido escapando en él toda su alma. 


Cerró sus ojos con lasitud. 


La dulce tibieza del agua que brotaba de sus poros 

abiertos derritió, ya con calma, la nieve que 

resbalaba por su cuerpo satisfecho y desnudo. 


Una sonrisa de placer se dibujó en su rostro. 


Ella sabía que él aun la espiaba por el ojo de la 

cerradura.







Jane Birkin & Serge Gainsbourg 

 Je t'aime moi non plus