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La promesa






La promesa









Los verdaderos amigos duran para siempre por 
eso, cuando ellos partieron, al verse tan sola 
recordó una antigua promesa y decidió ir tras ellos.

Ansiosa e ilusionada subió  al piso 22 y desde allí, 
quiso probar la grata sensación de volar...

Abrió sus brazos... respiró profundamente y con  
un nervioso movimiento de su boca pareció 
degustar... saborear con sumo placer, el aire puro 
que llenaba sus pulmones y llevar como valioso 
regalo, el recuerdo de esa última emoción: la de 
respirar.

Con una esperanzada sonrisa en los labios, se lanzó 
al vacío... y así, después de tanto tiempo, los 
encontró y todos juntos al fin, se abrazaron 
emocionados e hicieron una gran fiesta.

Bailaron, comieron, brindaron y se juraron no 
volver a separarse ¡Jamás!






Las mujeres del general



Sólo le pido a dios - León Gieco




Las mujeres del general









Don Antonio, El General, tortura y mata sintiendo un indescriptible placer escuchando los gritos desgarrados de sus indefensas victimas atadas con cables y vendados los ojos para no ver sus almas escapar aterrorizadas de sus cuerpos desvalidos.

Su excitación aumenta ante la vista de la sangre roja  y espesa de esos seres inermes...

Mientras las mujeres del general reunidas para el ritual de los jueves, jugaban a la canasta evocando infidelidades y tratando con desprecio a la mucama, reían con sus risas huecas, sin sonidos, solo muecas agrias como sus vidas cuando, faltando solo 15 minutos para las 5 de la tarde el general muere ahogado en tanta sangre derramada y ese mismo día bajó a los infiernos.

Era tanto el calor del averno que bebió mucha agua y ahogado, se volvió a morir y nuevamente bajó a los infiernos y como el calor seguía siendo intenso continuó bebiendo agua y otra vez volvió a morir y una vez más bajó a los infiernos de los infiernos y la sed por tanto fuego no se apaciguó y se bebió todo un mar de agua salada y volvió a morir y de nuevo bajó a los infiernos…

La sequedad de su garganta era tan grande, pero tan grande que una vez más bebió de esa inagotable vertiente de agua salada formada por las incontables lágrimas de sus víctimas que llenaban el Atlántico.

Durante este recorrido turístico de infierno en infierno el sequito de mujeres del general lo escoltaban en su partida lamentándose de su inmerecido sufrimiento y rindiéndole santo tributo.

En la vereda de enfrente, una mujer de falda muy corta, tacones muy altos y boca muy roja, con su sombrillita protegiéndose del intenso sol esperaba por un cliente.

Cuando éste apareció le preguntó… -¿Cuánto?-... y ella se fue con él.

Las mujeres del general, escandalizadas, la señalaron con el dedo mascullando entre ellas…¡Que zorra!

Y es al día de hoy que aún estas mujeres, las mujeres del general, siguen  sin comprender la dignidad de una puta.


Micro relato satírico sobre la muerte de antonio bussi y las
mujeres que aquel día  custodiaban el féretro muy compungidas.

Hago notar que las minúsculas con que escribo su nombre
 son la huella de mi repudio y desprecio.











La muerte del árbol




Lisandro Aristimuño - El Árbol Caído


La muerte del árbol

La muerte del árbol









Hoy es mi día especial para encarar este tema.

En mi jardín tenía un olmo inmenso, de más de diez metros de alto, con sus raíces exageradamente largas e invasivas. Sus brazos desordenados y enormes eran verdaderos árboles aéreos de gran porte que cubrían los techos y cobijaban los nidos de los horneros. Su copa era protectora y muy contenedora, me protegía del intenso sol del verano y los cientos de pájaro que vivían en ella alegraban mi despertar por las mañanas.

Un mal día, decidí sacarlo y contraté un “arbolero” que pasó muchas horas estudiando, analizando el lugar exacto en que anudaría las sogas; el momento justo en que sus compañeros jalarían de ella para coincidir con el último hachazo que haría caer esa rama en el lugar indicado.

La contienda entre el olmo y el arbolero fue feroz.
Sus ramas respondían con dureza a los hachazos. Se agitaban. Cimbraban con fiereza ante cada golpe. Silbaban con el viento y ese silbido se asemejaba mucho a un aullido de dolor.

Presenciar esa lucha entre el árbol y el arbolero fue estresante para mí y una agonía lenta y dolorosa para el olmo. Sus raíces le impedían huir de su asesino.

Intenté acariciar su tronco lastimado por los primeros golpes y me con­movió ver unas enormes gotas melosas y oscuras derramarse, lentamente, por su corteza, dándole un terrible marco a la dolorosa y lenta muerte del árbol.

Sentí dentro de mí una congoja indescriptible. 

Palpité su dolor. Me que­bré por la culpa. Mi 

corazón se estrujó.



En el ocaso,,, un amor...



"ADAGIO" Spanish Vers: by María Bozzini



En el ocaso,,, un amor...
En el ocaso… un amor...








Las transparentes aguas de las vertientes, los colores ocres de las flores, la suave brisa que se cuela entre las hojas pintas de los arboles entonan una melodía de amor a la vida...

Es otoño y la luz de la luna transforma a ese solitario paraje en un paisaje de cuentos... dándole un toque especial, casi mágico, y allí, ellos... solos... frente a frente, cada uno suspendido más allá de sus ojos,  en la mirada dulce, profunda y ansiosa que conectaba el corazón de ella con el de él... el corazón de él con el de ella...

Sabían que pronto debían separarse y que  tal vez jamás volvieran a verse, y ella deseó con toda sus fuerzas que el tiempo no pasara, cuando de pronto cayó aquella estrella fugaz...


Fue entonces que se dieron un beso tan pero tan largo... tan pero tan intenso, que el tiempo, emocionado y avergonzado por su premura,  ruborizándose, se detuvo en ese ocaso prolongándolo, dandole así eternidad al amor.






Cursi y tierno dialogo del juego amoroso


Liszt - "Un Sospiro"






Cursi y tierno diálogo 
del juego amoroso




Cursi y tierno dialogo del juego amoroso




Ella
-Te mando un beso.

El
-¿Uno…?

Ella
-Empiezo con uno y continuo con otro... y otro... y
otro... hasta desintegrarme en vos convertida en tu
aliento...

El
-Y que esos besos se vuelvan risa... y canto...
y enredados en mi voz, transformados en suspiros... nos hagan volar…


Ella
-Y volamos juntos envueltos en este fuego
que nos abraza y nos quema...hasta volvernos cenizas suspendidas en el espacio.




El
   -Y lentamente, regresarnos en gotas de rocío...
   húmedos, plácidos, serenos...

Ella
-¿Quieres…?

El
-Si... ¿Me das un beso…?

Ella
-¿Uno…?


Ella y él, él y ella disfrutan de este juego de amor 
infinitas veces hasta que al fin, pegados uno al otro 
duermen soñando que vuelven a empezar...