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Renacer

Kol Nidre / Max Bruch



Renacer









No le preocupaba entender el origen de los tiempos, sus misterios ni supuestas verdades revelando el absoluto final de la existencia...

¡Conocía todos los secretos!... secretos inherentes a su propia vida, grabados con fuegos voluptuosos en eternos retornos de periodos cíclicos repetidos una, y otra, y otra vez...

¡Cómo importarle, si vivía aciagos finales 365 días al año, renaciendo nuevamente en cada amanecer!

Aunque mañana no despertara, en su caótico y destructivo universo, una nueva semilla habría de germinar.





Bichito colorao


Shhh, tema instrumental, 

musica para peliculas



Bichito colorao


 El trópico de capricornio hace sentir su influencia infernal con sus  53ª a la sombra.  El sol raja la tierra y pese a ello, Juegan en la vereda a las 2 de la tarde, cantando en ronda al ritmo de un alegre palmotear...

Un bichito colorao
mató a su mujer
con un cuchillito
de punta de alfiler
le sacó las tripas y se puso a vender
¡ A 20 a 20 las tripas calientes
De mi mujer !

Uno a uno son eliminados del juego hasta que, al final, en la ultima ronda, el afortunado ganador va en busca de su premio.

Sin demora todos juntos comienzan a recorrer las solitarias calles acompañando  y alentando al vencedor a viva voz, con los puños en alto, saltando y voceando 

 ¡ Bichito colorao! ¡ Bichito colorao! ¡ Bichito colorao!...

El estruendo que hacen con sus saltos y gritos es escalofriante; la gente del pueblo se estremece, los más valientes espían a través de las cortinas pero, igualmente, se encierran  bajo 7 llaves , como todos los domingos a las 2 de la tarde, rogando, suplicando, implorando a todos los dioses que sus hogares no fueran los elegidos.

El terror que sienten es inmenso.

 Saben que ese domingo alguno de ellos será visitado por los  espeluznantes bichitos colorados.

 Estos seres son maléficos y persiguen a las mujeres del lugar. 

Ellas tiemblan de terror solo de imaginarse a expensas de estos bípedos de brazos largos descarnados, uñas agarrotadas como tirabuzones y ojos negros, saltones, malignos… como el mismísimo mandinga... hasta que de pronto, pasan frente a su puerta y se detienen. 

Ella siente un escalofrío mortal. Presiente. Lo sabe al instante. Esta vez no tiene escapatoria. ¡Su turno ha llegado!

 Apenas empujan la puerta, salta por la ventana trasera y comienza a correr.

 Corre corre corre , corre tan fuerte por estrechas callejuelas de piedras, amuralladas oscuras sin salida, que le aire le desgarra la garganta en su titánica lucha por llenar sus pulmones y su corazón parece reventarle en el pecho.

 Su cazador, exultante al verla atrapada, se  abalanza sobre su vejada humanidad mientras su séquito no deja de emitir el ensordecedor y tenebroso grito de júbilo por la cacería: 

¡Bichito colorao! ¡ Bichito colorao! ¡ Bichito colorao!

 Logra, por un instante escabullirse de sus garras e intenta escapar. Ve una puerta y la atraviesa, desesperada. Se da cuenta que es el fin.

Mortuorios candelabros de bronce iluminan  el ébano de siniestros ataúdes haciendo aún más lúgubre ese lugar lleno de espejos que multiplica la finitud cercana de su dolor… de su miedo… de su angustia y desesperación.

 Sobre el brillante féretro  de severas líneas, reposan tres cajas verdes, aterciopeladas, adornadas con enormes moños celestes;  en  2 de ellas, sobre un costado y con letras doradas, el nombre del  último par de  mujeres cazadas y siente que acaba su esperanza.

La tercer caja, abierta... invitándola a entrar… lleva su nombre al frente: 

Mina,  última mujer de la tierra

escrito con su propia sangre, negra ya…  espesa…coagulada…  







JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

El reflejo



Yiruma - Do You [HD Live - 1080p]



El reflejo








Se levantó triste esa mañana. Su  soledad se hacía sentir como nunca antes. 

Se miró al espejo con curiosidad y dolor, desconociéndose. Una lágrima rebelde había logrado escapar de la celda en que la tenia atrapada...encerrada... sin salida... sin permitirle ver la luz, y desafiante, recorrió un  suave y armonioso  camino hasta depositarse en sus labios,  dejándole su sabor salado y amargo.

Su propio  reflejo, conmovido,  atravesó su  espejo, y extendiendo una mano lentamente, , con un movimiento dulce y suave, levantó su  mentón, le enjugó la lágrima, le puso rubor a sus pómulos, le pintó los labios de rojo, y de un cariñoso golpeteo en sus mejillas le dijo  - ...sal... deja que el sol bañe tu rostro..., sonrie...  conquista tu dia,,., ! vamos que se puede.! ... 

La promesa






La promesa









Los verdaderos amigos duran para siempre por 
eso, cuando ellos partieron, al verse tan sola 
recordó una antigua promesa y decidió ir tras ellos.

Ansiosa e ilusionada subió  al piso 22 y desde allí, 
quiso probar la grata sensación de volar...

Abrió sus brazos... respiró profundamente y con  
un nervioso movimiento de su boca pareció 
degustar... saborear con sumo placer, el aire puro 
que llenaba sus pulmones y llevar como valioso 
regalo, el recuerdo de esa última emoción: la de 
respirar.

Con una esperanzada sonrisa en los labios, se lanzó 
al vacío... y así, después de tanto tiempo, los 
encontró y todos juntos al fin, se abrazaron 
emocionados e hicieron una gran fiesta.

Bailaron, comieron, brindaron y se juraron no 
volver a separarse ¡Jamás!






Las mujeres del general



Sólo le pido a dios - León Gieco




Las mujeres del general









Don Antonio, El General, tortura y mata sintiendo un indescriptible placer escuchando los gritos desgarrados de sus indefensas victimas atadas con cables y vendados los ojos para no ver sus almas escapar aterrorizadas de sus cuerpos desvalidos.

Su excitación aumenta ante la vista de la sangre roja  y espesa de esos seres inermes...

Mientras las mujeres del general reunidas para el ritual de los jueves, jugaban a la canasta evocando infidelidades y tratando con desprecio a la mucama, reían con sus risas huecas, sin sonidos, solo muecas agrias como sus vidas cuando, faltando solo 15 minutos para las 5 de la tarde el general muere ahogado en tanta sangre derramada y ese mismo día bajó a los infiernos.

Era tanto el calor del averno que bebió mucha agua y ahogado, se volvió a morir y nuevamente bajó a los infiernos y como el calor seguía siendo intenso continuó bebiendo agua y otra vez volvió a morir y una vez más bajó a los infiernos de los infiernos y la sed por tanto fuego no se apaciguó y se bebió todo un mar de agua salada y volvió a morir y de nuevo bajó a los infiernos…

La sequedad de su garganta era tan grande, pero tan grande que una vez más bebió de esa inagotable vertiente de agua salada formada por las incontables lágrimas de sus víctimas que llenaban el Atlántico.

Durante este recorrido turístico de infierno en infierno el sequito de mujeres del general lo escoltaban en su partida lamentándose de su inmerecido sufrimiento y rindiéndole santo tributo.

En la vereda de enfrente, una mujer de falda muy corta, tacones muy altos y boca muy roja, con su sombrillita protegiéndose del intenso sol esperaba por un cliente.

Cuando éste apareció le preguntó… -¿Cuánto?-... y ella se fue con él.

Las mujeres del general, escandalizadas, la señalaron con el dedo mascullando entre ellas…¡Que zorra!

Y es al día de hoy que aún estas mujeres, las mujeres del general, siguen  sin comprender la dignidad de una puta.


Micro relato satírico sobre la muerte de antonio bussi y las
mujeres que aquel día  custodiaban el féretro muy compungidas.

Hago notar que las minúsculas con que escribo su nombre
 son la huella de mi repudio y desprecio.











La muerte del árbol




Lisandro Aristimuño - El Árbol Caído


La muerte del árbol

La muerte del árbol









Hoy es mi día especial para encarar este tema.

En mi jardín tenía un olmo inmenso, de más de diez metros de alto, con sus raíces exageradamente largas e invasivas. Sus brazos desordenados y enormes eran verdaderos árboles aéreos de gran porte que cubrían los techos y cobijaban los nidos de los horneros. Su copa era protectora y muy contenedora, me protegía del intenso sol del verano y los cientos de pájaro que vivían en ella alegraban mi despertar por las mañanas.

Un mal día, decidí sacarlo y contraté un “arbolero” que pasó muchas horas estudiando, analizando el lugar exacto en que anudaría las sogas; el momento justo en que sus compañeros jalarían de ella para coincidir con el último hachazo que haría caer esa rama en el lugar indicado.

La contienda entre el olmo y el arbolero fue feroz.
Sus ramas respondían con dureza a los hachazos. Se agitaban. Cimbraban con fiereza ante cada golpe. Silbaban con el viento y ese silbido se asemejaba mucho a un aullido de dolor.

Presenciar esa lucha entre el árbol y el arbolero fue estresante para mí y una agonía lenta y dolorosa para el olmo. Sus raíces le impedían huir de su asesino.

Intenté acariciar su tronco lastimado por los primeros golpes y me con­movió ver unas enormes gotas melosas y oscuras derramarse, lentamente, por su corteza, dándole un terrible marco a la dolorosa y lenta muerte del árbol.

Sentí dentro de mí una congoja indescriptible. 

Palpité su dolor. Me que­bré por la culpa. Mi 

corazón se estrujó.



En el ocaso,,, un amor...



"ADAGIO" Spanish Vers: by María Bozzini



En el ocaso,,, un amor...
En el ocaso… un amor...








Las transparentes aguas de las vertientes, los colores ocres de las flores, la suave brisa que se cuela entre las hojas pintas de los arboles entonan una melodía de amor a la vida...

Es otoño y la luz de la luna transforma a ese solitario paraje en un paisaje de cuentos... dándole un toque especial, casi mágico, y allí, ellos... solos... frente a frente, cada uno suspendido más allá de sus ojos,  en la mirada dulce, profunda y ansiosa que conectaba el corazón de ella con el de él... el corazón de él con el de ella...

Sabían que pronto debían separarse y que  tal vez jamás volvieran a verse, y ella deseó con toda sus fuerzas que el tiempo no pasara, cuando de pronto cayó aquella estrella fugaz...


Fue entonces que se dieron un beso tan pero tan largo... tan pero tan intenso, que el tiempo, emocionado y avergonzado por su premura,  ruborizándose, se detuvo en ese ocaso prolongándolo, dandole así eternidad al amor.






Cursi y tierno dialogo del juego amoroso


Liszt - "Un Sospiro"






Cursi y tierno diálogo 
del juego amoroso




Cursi y tierno dialogo del juego amoroso




Ella
-Te mando un beso.

El
-¿Uno…?

Ella
-Empiezo con uno y continuo con otro... y otro... y
otro... hasta desintegrarme en vos convertida en tu
aliento...

El
-Y que esos besos se vuelvan risa... y canto...
y enredados en mi voz, transformados en suspiros... nos hagan volar…


Ella
-Y volamos juntos envueltos en este fuego
que nos abraza y nos quema...hasta volvernos cenizas suspendidas en el espacio.




El
   -Y lentamente, regresarnos en gotas de rocío...
   húmedos, plácidos, serenos...

Ella
-¿Quieres…?

El
-Si... ¿Me das un beso…?

Ella
-¿Uno…?


Ella y él, él y ella disfrutan de este juego de amor 
infinitas veces hasta que al fin, pegados uno al otro 
duermen soñando que vuelven a empezar... 



Nostálgica y sentimental




Otros Aires - Milonga sentimental

Nostálgica y sentimental 




Siempre abstraída en sus pensamientos miraba sin mirar... 

¿a qué?... ¿a quién?... ni ella misma lo sabía... solo tenía en claro

su cansancio, ese cansancio tremendo y desgarrador... siempre,

tan solitario...

Aunque su sentir era indiferente e incomprensible para 

cualquiera, ella, siempre erguida, les servia de sostén a todos los 

que necesitaban de su fortaleza, ya sea para descansar ó para 

aprovechar su luz buscando un camino pero este, era un día muy 

especial.

Acurrucada bajo la lluvia torrencial que se desataba en ese cielo 

porteño, melancólica, recordaba sus 100 años de vida... de estar 

siempre así... abstraída en sus pensamientos... mirando sin 

mirar... ¡quién sabe qué!... y continuaba sin saberlo.

Solo tenía en claro su cansancio.

Sabía que el mejor regalo que podía hacerse a sí misma era 

admitirse tan solo por un día, no sostener a nadie, solo a sí 

misma; apagarse... permitirse ser débil... recostarse sobre los 

hombros del amor... llorar sin ocultarse y gritar... ¡basta!... pero 

no se atrevió.

Cuando paró de llover guardó la última lágrima, y, erguida y 

fuerte como siempre, esbozando una comprensiva sonrisa en la 

que nadie reparaba, dijo: apóyate en mí...

Y la columna del alumbrado público iluminó la ciudad y nadie, 

en esos 100 años sospechó jamás que ella era una columna… 

nostálgica y sentimental.