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Consternados versos de una sola palabra

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Instrucciones para mi último día

Instrucciones para mi último día







Los domingos me acompaña a la feria una nueva amiga y juntas paseamos por todas las tiendas.

 Pasamos muchas veces por los mismos stand saludando cordialmente a los feriantes 
-Buenos días. Esto cuánto está?... qué lindo. Lo felicito por hacer estas cosas tan bonitas. En un ratito regreso a comprarlo, me lo guarda por favor?

Y vuelvo a pasar y repetir siempre la misma cantinela.

 Claro, ya nadie me cree y mi amiga dos pasos atrás explica avergonzada -ella no está bien… pronto ya no recordara nada.........................................................................................................

Te lo dije ya?... mi "amiga", la que acompaña mi soledad, se llama alzhéimer… Su compania no es gratis, nonono, ella se cobra quitamdome la evocación de mis recuerdos. 

 Hoy fue a visitar a otros y me dejo sola y , no sé, cuando ella no está reaparecen en mi mente las huellas de mi memoria y con este chispazo de lucidez recuerdo claramente mis paseos domingueros; comprendo que mi fin en esta existencia está cerca y me pregunto si habré dicho todas las  palabras que guardé dentro de mí... si habré mostrado mis sentimientos… mis emociones, sí habré dado a conocer mi amor sin reservas, si habré liberado completamente mis odios prisioneros en mi corazón desde hace tanto tiempo.

Si. Creo que sí.

Deje escapar mis odios hace muy poco. No quiero irme llevando esta carga tan pesada que me ahogó durante 42 años.

Ya está. Terminó.  

Terminó con este juicio único en la Argentina en que se demostró que el ejército se instaló en el sur tucumano de la misma manera en que se ocupa una nación extranjera y que sembraron semillas sangrientas, oscuras, tenebrosas y su paisaje dejó de ser un jardín para poblarse de fantasmas, de gritos de dolor que emergían de los sótanos de cada centro clandestino de detención; lugares de tortura y desaparición… y cuando los secuestradores y torturadores fueron declarados culpables y condenados a perpetua yo quede, al fin, vacía de dolor.

Por eso. No quiero que me gane el rencor ni el olvido y necesito dejar por escrito mi última voluntad y mi legado antes que ella, Alzheimer, regrese definitivamente a mi lado.

 Cuando muera no lloren  por mí porque no me habré ido del todo.

Quedaré en cada uno de uds. mis hijos queridos, mi yerno, mi nieta…

Quedaré en una sonrisa, quizás en un pensamiento, o un cuento, en los arpegios de mi guitarra… o tal vez en un abrazo y en mil grullas de papel que colgarán de mi ventana.

A lo mejor alguna noche despierten con la sensación del peso de otro cuerpo sentado a su lado en el borde de su cama y sientan en sus mejillas la humedad de un beso.

No me lloren, no, solo planten un lilo en la plaza más cercana y abonen con mis cenizas sus raíces para que me enrede entre sus hojas y el viento esparza mi perfume y mi espíritu alilado juegue con los pájaros y disfrute de sus trinos y el viento me lleve hacia uds para resguardar sus sueños.

Enredada entre sus ramas podré volverme esa sombra que ampare del sol a ansiosos amantes que buscan un lugar sereno y fresco para calmar sus deseos, y ofrendar flores purpuras a un primer amor.

Por último desearía que un pequeño recordatorio diga:

“Aquí, enramada a los pies del árbol descansa por siempre una mujer simple que bebiendo de su sabia, continuará urdiendo flores para perpetuarse y acariciarnos por siempre con su perfume.”

Así de simple es mi última voluntad y mi legado: 

Sin bienes materiales,

solo mi amor, 

memoria, 

comprensión, 

algunos libros, 

un saxo, 

una guitarra, 

una máquina de fotos 

y un ramito de lilas 

para que compartan y se den cuenta de cuanto los amo.


Desánimo

Desánimo





Inhala profundo
exhala
resopla.
Se siente al borde.
Quiere ver la luz.
Nada.
Sus bríos decaen.
Desea claudicar
decir ¡Basta!
¡No quiero más!
hasta aquí llegué!
La oscuridad que la rodea
es tan infinita,
así, como la eternidad.
Y el desánimo la invade.
El desánimo, ¡ah!, el desánimo, amigos míos
es una cosa seria…


¡Basta!

¡Basta!





Cada mañana al abrir los ojos, un nuevo desafío la esperaba y entonces ella subía a su barcaza y en medio del río, sin importarle que sus aguas estuviesen mansas, turbulentas, límpidas o turbias, comenzaba a remar.

Remaba... remaba... remaba... hasta que un día se cansó y pese a que  esta vez el aroma a primavera de la rivera endulzaba su olfato y el verde costero le regalaba su serenidad y quietud, dejó los remos sobre el borde y se hundió.  

Pedernal

Pedernal





Hace como 300 millones de años la tierra era un súper continente… todo tierra… Pangea se llamaba.

 Luego comenzó a dividirse y nacieron los continentes. Éstos se llenaron de árboles verdes de todo tipo, de flores y otras plantas y de animales también.

En nuestra  Patagonia crecieron las araucarias, las lengas y los cipreses que, en el paciente caminar del tiempo fueron muriendo para dar nacimiento a otros árboles y sus añosos restos se perdieron en la más absoluta oscuridad, sin oxígeno, sin nada… solo soledad y silencio… silencio y soledad…; muy lentamente esos troncos de araucarias, lengas y cipreses se fueron transformando en madera petrificada… en ópalo… en ágata…  en cuarzo… en pedernal…

Al llegar la edad de piedra, por fin  el hombre primitivo hizo chocar dos trozos de pedernal y gracias a la sílice, de un chispazo nació el fuego.

Tuvo que pasar toda una eternidad para que se pudiera provocar una fogata con 1 encendedor de pedernal, sin embargo, en este sur lleno de nieve, un día nos encontramos tu y yo… nuestras miradas se perdieron una dentro de la otra, y solo un instante fue suficiente para encender una hoguera y la nieve se derritiera.

Existen evidencias del control del fuego por parte del Homo erectus hace 1,5 millones de años ( en el paleolítico ) quienes fueron capaces de reproducirlo y mantenerlo. ,El pedernal que pertenece a la variedad de la sílice lo produce al chocar con un eslabón de acero