El amor

Mayte Martin S.O.S.


Si en mi última hora tu voz me roza, no habrá sido en
vano mi espera.

El amor

A tiempo


Tiempo de amar - Mayte Martin




A tiempo








Ella pensaba que se habían encontrado a destiempo...  sin embargo, él aseguraba que ese encuentro se  realizaba el momento justo:  ni un segundo antes...ni un segundo después...que ese tiempo era el ccómplice perfecto de los dos...


Tal vez fuera así y tuviera la razón... a lo mejor, el tiempo fuera su aliado, su mejor amigo... pero, por lo escaso, por lo poco, por lo nada que faltaba para el fin ... ella sentía... !  con tanta intensidad ! , esa imperiosa necesidad de abrazarlo hasta fundirse en el...de acariciar sus espacios más íntimos ...de penetrar en el por cada uno de sus poros y  traspasar los límites de su piel llegando al corazón... navegar en su alma... besar su voz...  beber su aliento...  respirar en un fugaz instante sus suspiros... viajar en su mirada hasta los confines más oscuros del infierno y regresar juntos, placidos y serenos en los calientes rayos de un sol de verano que entibian y calman las aguas embravecidas del mar... y al fin... comprender ...que están a tiempo de encender nuevamente una hoguera...



Últimos momentos

Elena Tarvid - Adagio (Albinoni) 



Últimos momentos




Llegando a los 80 recostada en su cama, meditaba esperando mansamente, entregada, sin dar ya pelea.

Viendo pasar por sus ojos cual espectadora de una vida que no fuera suya, parte de los años mas importantes para ella: su casamiento... su amor... su desgaste... su soledad...sintiéndose acorralada contra las  paredes de un cañadón... acosada por sus propios fantasmas, y  hacia abajo... el precipicio.

Sabía que su hora se acercaba, que su reloj se detendría justo a las 12...al terminar el día. Su día.

Consciente que ya no era la joven intrépida, aguerrida, que enfrentaba a cualquiera con la seguridad de vencerlos fácilmente, que ya no era la joven cazadora de emociones y sensaciones que la hacían vibrar, no...

Solo esperaba... y se dejaba llevar por sus pensamientos.
Con esfuerzo, intentó escribir:

"Amor, si supieras tantas, pero tantas noches que esperé despierta tu regreso, queriendo abrazarte muy fuerte, acariciarte... pero nunca pudo ser porque me alejabas de ti con desgano...

 Amor, si supieras las noches que esperé despierta tu regreso, con la ilusión de escuchar tus proyectos, de compartir tu día, de contarte de mis esperanzas...  de sentir un " te quiero " dulce y quedo en mis oídos...pero nunca pudo ser porque jamás me hablas...

Amor, si supieras de todas las noches que pase soñando con tus besos,  con tus manos recorrer mi cuerpo con pasión, que me hicieras el amor con amor, con que todos los poros de mi piel se abrieran para ti con ansiedad,... pero no pudo ser... jamás me tocas...jamás me besas... jamás me miras... jamás me escuchas...pero aun así, te sigo sintiendo... Mi Amor...

Ya no recordaba en qué momento se dejó vencer... ni sus ideas ni su fuerza emocional eran los de antes... Sus demonios internos la cercaban. sus aullidos se le hacían insoportables.

Todo era como un cruel juego del destino.

La pregunta de su existencia estaba allí, latente, presente, sin necesidad de ser expresada... ¿Valió la pena vivir sin emoción?...

Su tiempo había pasado y debía enfrentarse con la muerte...

El llegó. solo encontró entre sus manos una hoja en blanco y como única muestra de que hubo vida hasta hacia unos pocos instantes, la huella de una lágrima recorriendo su mejilla.

El reloj toca 12 campanadas.




El amor y su sombra

Musica Instrumental - La Sombra del Amor

El amor y su sombra






Ahh ! el amor, el amor !...

 El amor es como un delicado barquichuelo de papel que jugando,  jugando por caudalosos riachos formados  al borde de la acera, se divierte con burbujas de ilusión; burbujas de ilusión tan finitas y brillantes como esas pompas de jabón que escapadas de aquel burbujero de la infancia despertaban nuestra admiración, y aceptamos esperanzados ese juego, sin darnos cuenta que la broma cruel, que duele... que lastima... que destruye,  provoca nuestra confusión al presentarle al corazón  mariposas de papirola incapaces de compartir nuestro vuelo.






El silencio

Silencio - Beethoven - Ernesto Cortazar _ Paisajes - Relax



El silencio




Poderoso poder tiene el silencio que permite al alma levitar en la eternidad de ese instante  pleno y excitante  en que se libera en  guturales jadeos de sostenidos orgasmos...ó destruirla inexorablemente,  siendo tan cruel y despiadado  en aquellos  dolorosos juegos de encuentros y desencuentros... de búsquedas y esperas...de frío y desamor....

¡ No fui capaz de vencerlo !... pensaba el amor que  se alejaba taciturno de aquel corazón, dejándolo vacío

Otra historia de amor

Maria se bebe las calles - Pasión Vega 



Otra historia de amor
a Chelita





Las dos de la tarde. Terminó de servir a su hombre

y mientras él bebía su botellita diaria de vino Toro

tinto y fumaba sus cigarritos de Fontanares sin

filtro,  lavó los platos, planchó sus camisas,

ordenó un poco la casa y, sabiendo que después

del vinito prontito dormiría la mona, intentó

descansar en su sillón preferido y se dispuso a ver

esa novelita rosa que hacía volar su imaginación y

aflorar sus más íntimos deseos escondidos bajo

esa piel maltratada por los duros años vividos.



La protagonista de esa historia tan sugerente e

idílica le hacía olvidar sus años de frustración y

soledad, y le permitía conocer otras formas de

amar, con besos, con palabras dulces y excitantes,

con caricias, con olor a flores, que ella nunca

había conocido.



Era su única forma de vivir una emoción, y a él

no parecía importarle.



¡Y qué más daba!, total, igualmente seguía ¿viva?...



Solo recordaba de su pasado que había salido del

yugo de su padre a los dieciséis años para caer

presa eternamente ante el yugo de su marido.



Además, lo Además, lo único importante era

cumplir siempre con sus obligaciones para ganar el

paraíso prometido, y esolo tenía bien clarito en

su tonta cabecita.



Él llegaba después de sus trasnochadas noches de

juerga,casino y alcohol, la volcaba sobre la cama y,

sin mediar palabras, ni caricias, ni nada, l

a montaba con toda su violencia.



Un dos tres y ya está. Fin de la historia.



Dejaba sobre su cuerpo su sudor nauseabundo,

su saliva pegajosa, su semen caliente y oloroso sin

ningún respeto y se dormía inmediatamente. Ella

cerraba sus ojos y, en esos tres minutos que

duraba ese coito brutal y malsano, tarareaba

mentalmente una canción:



“Qué dirá el Santo Padre, que vive

en Roma, que le están degollando a su paloma”.



Respiraba hondamente y una lágrima escapaba de

sus ojos. No importaba ya. Sabía que el paraíso

lo tenía ganado.



Así vinieron sus hijos uno a uno,



y se fue dejando,



quedando,



 olvidando,



encapsulando,



resquebrajando,



malviviendo…



pero llegó la tele con esa maravillosa historia de

amor, sabrosa y sensual que le hacía entrever

dulces sensaciones.



El sudor bañaba su cuerpo todo, no tan solo por su

inducida excitación, sino también por los 50 grados

que abrazaban a la ciudad, cuando de pronto, un

estruendo la ensordeció, un gutural rugido salía

desde las entrañas mismas de la tierra. El piso se

abrió en un profundo surco, las paredes cayeron.

Ella de un solo salto estuvo a salvo en el medio de

su jardín, y en un instante de lucidez pensó en los

que habían quedado atrapados entre los

escombros y ella allí, libre, segura. ¡Cómo no iba a

hacer algo para salvar lo que más amaba! Después

de todo, él la había hecho muy feliz, la transformó

en mujer; por él conoció el amor, por él vibró de

felicidad con su primer orgasmo.



No lo pensó más. Pese a que la tierra seguía

temblando, pese al miedo, pese a la incertidumbre,

entró nuevamente a la casa y con sus propias

manos, cavó, levantó los escombros y lo encontró.



Sus heridas, aunque graves, ella las curaría.



Con esfuerzo sobrehumano, lo levantó en sus

brazos y tambaleando, llevó al medio del jardín,

el lugar más seguro, a su viejo televisor,

y juntos fueron testigos del derrumbe.




Malo eres - Bebe