Lluvia de verano


 
Las cuatro estaciones de Vivaldi - presto 


Lluvia de verano




Mi deseo más profundo es:

Poner mis brazos alrededor de tu cuello...

Mis piernas abrazando tu cintura...

Y tú, dentro mío, desarmándome...

Así decía con trémula voz la negra nube al rayo que,
avasallante e impetuoso, se aproximaba. Luego, sonrojada y satisfecha, descargaba en cálida y copiosa lluvia de verano.

Él, después de la explosión, durmió a los pies de un olmo...

...Y florecieron los campos...

...Y el sol volvió a brillar...




La espera

Liszt - "Un Sospiro"


La espera








Esperando el llamado que no llega...

la promesa que no existe ... 

el abrazo que no envuelve ... 

los dedos que no rozan...

la caricia que no estremece...

 la voz que no susurra...

la mirada que no invita ...

En la nada se deshace... En la nada se congela. 


El sol, radiante, brilla regalando sus 40ªC 





cinco botones

Georges Brassens-La mala reputación



Cinco botones
Imagen autoria de @Nelsong





Como el nogal que guarda celosamente dentro de la semilla dura y rugosa de la nuez, la esencia rica carnosa y nutritiva de su fruto,  vive guardado en un secreto, encerrado dentro de su cáscara,.

Pasaba la vida entera con ocultamientos, con sentimientos de vergüenzas y de culpas que ponían en su rostro esa mirada llena de tristeza e insatisfacción, hasta que un buen día decidió salirse de sí y enfrentar los prejuicios del mundo entero. 

Lo había pensado muy bien. Sólo un buen observador podría darse cuenta de su tan demorada decisión. 

Nada... nada delataba su elección: ni gestos,..ni rasgos... ni el sonido de su voz,salvo... los 5 botones de su camisa ubicados a su derecha. 


El amor

Toco tu boca. Julio Cortázar




Dibujar tu boca, y en la madrugada, sediento, beberme tus calores, dejando que las horas marquen el compás de sus suspiros.
el amor



Y una sirena nacio

Venceslau Univ dos Scraps Pausto Papetti Soleado



Y una sirena nació...







Toda una vida de falta de caricias, de abrazos, de besos... de piel que anhela, de sentidos insatisfechos... hasta que un día, sin quererlo ni buscarlo ni pensarlo... se enamoró del mar. 

Su pasión por él crecía día a día...

Ella escuchaba su imperioso llamado aunque se resistía, temerosa, a
abrirse al amor, pero cuando su deseo se hizo incontenible decidió volver lo imposible en posible... y se internó en sus aguas más profundas.

Por primera vez sintió sobre su piel la impetuosidad apasionada y loca de ese sentimiento que la envolvía.

El sol del estío fue mudo testigo de esa total entrega... de esa unión
mágica e irrepetible...

Y así fue como poco tiempo después, nació la primera sirena, bella,
voluptuosa, dulce, que en las noches de luna nueva acompaña a las barcazas de eventuales pescadores nocturnos, deleitándolos con su canto... y amándolos hasta el amanecer...



Claudio Arrau. " Piano Sonata in B minor, S.178 ". Franz Liszt . * Pinturas de Catrin Wels Stein *



Artesana del tiempo





Sus pasos fuertes y largos resuenan, haciendo eco en el
interminable y ascético pasillo... sus zapatos relucientes, su
guardapolvos blanco, se reflejan en el brillo exagerado del piso...

 Se detiene un momento... solo un pequeño instante, y mira hacia
arriba... la sombra de la duda... ¿quizás? Pero se recompone
rápidamente, abre la puerta y entra al laboratorio. Había pasado
largas horas; días y días sin dormir, entusiasmada en su
descubrimiento, y ansiaba probarlo de una vez por todas...

¿Se atrevería, por fin, a cruzar esa barrera?

Da una cariñosa y nostálgica mirada a todo el mobiliario, se
sienta sobre el sillón que parecía esperarla ansiosamente, cierra los ojos y tomando coraje, sin pensarlo más, entra por ese agujero de tiempo que había encontrado casualmente en sus investigaciones.

Lo atraviesa torpemente, con temor a lo que viviría. Se golpea...
choca contra sus paredes... se lastima... vomita... llora... ríe...
canta...

Ante la rapidez de los sucesos, cientos de imágenes se agolpan en
sus ojos... otras pasan desapercibidas.. ese túnel debe llevarla a
algún lado.

Comprende que viaja a velocidades mucho más rápidas que la
luz, más rápidas que los neutrinos, esas diminutas partículas
subatómicas que parecieran llevar a toda una resolución de la física.

El tiempo, por momentos, se comprime; otras, se estira cual un
abanico que se abre y se cierra, como un bandoneón que interpreta el mejor tango. y en ese movimiento de expansión y contracción continuo, su viaje se vuelve cada vez más increíble e inquietante.

Se ha convertido, sin darse cuenta, en una verdadera artesana del
tiempo y la distancia, manejándolos a su antojo; a veces
acortándolo, y otras estirándolo a voluntad, para disfrutar más de
algún momento determinado, o para ahondar en su búsqueda de la verdad.

Ha descubierto que ese túnel del tiempo, esa máquina temporal
por todos buscada, estaba en ella... en su cerebro, y que su mente
con sólo pensarlo la lleva de viaje, raudamente ,al pasado más
remoto haciéndola visitar sus paisajes más buscados: vislumbrar su futuro, regresar al presente y dejar que la vida la sorprenda.

Al comprenderlo, su conciencia se expande y su ser evoluciona,
entonces, tranquila y feliz, deja el laboratorio y se sienta en el
cordón de la vereda a esperar a que él pase, y al verlo, le tiende la

mano y juntos recorren el camino.



Cumpliendo un sueño

Aprender a Volar - Patricia Sosa (Subtitulado)


Cumpliendo un sueño





 Quería elevarse para ver todos los caminos.

Decidida a cumplir su sueño, escaló la cima más alta.

Al llegar, extendió sus alas y se lanzó a volar.





El camino de las lilas


La vida es bella



El camino de las lilas



Con su rostro acartonado por sus arrugas como el más antiguo
de los pergaminos, su mente lúcida aún, descansaba sentada en su sillón de mimbre bajo los tibios rayos de un sol de invierno,
sosteniendo entre sus manos delgadas y frágiles, Cien años de
soledad. Cien años de soledad el libro. Cien años de soledad su
cuerpo. Cien años de soledad su corazón, gastado, sufrido.
Leyó unas líneas pero la modorra la invadió y le ganó el sueño.

En su mente adormilada se sucedían muchas batallas ganadas a la vida. Recuerdos que ni ella misma los creía vivos ya.

Recuerdos de amores, de fracasos, aciertos, dolores y alegrías. 

Tanto tiempo había pasado y todo ese cúmulo de ansiedades, de objetivos muertos, de deseos vivos, danzaba allí, en su mente, pujando por salir.

¡Sí! Se sentía joven, hermosa y ligera como cuando tenía veinte
años. Con los mismos deseos, las mismas ansias locas de saltar, de cantar, de reír, de amar como entonces, solo que su espíritu joven estaba atrapado en un envase viejo y cansado que no era el suyo.

Abrió los ojos sorprendida. La noche era profunda y las estrellas,
cual cosquillas del cielo, la rodeaban y la hacían sonreír. Sentía la tibieza de la noche en la piel, en el alma, que la acariciaba como su suave mantón de manila de pura seda que le cubría los hombros.

Se quedó quietecita, abrazada a sí misma con una extraña
sensación de placer, sin pensamientos, con la nada por compañía,

cuando sintió un dolor punzante, como si una lanza la atravesara de la cabeza a los pies, pero extrañamente placentero como el orgasmo que sobreviene a la plenitud del amor y que la empujaba suavemente hacia aquella luz lejana.

No entendía dónde estaba pero sabía que debía ir hacia ella,
atravesarla sin miedos, en paz.

El dolor desaparecía y volvía cada vez con más frecuencia. Sus
recuerdos la desbordaban, y así, transitando lentamente llegó a la
luz. La cruzó con un suave golpeteo de sus pies descalzos. No podía creer lo que estaba viviendo. Un hermoso y largo camino cubierto de lilas se abría a su paso. El sol refulgía radiante y caliente aumentando aún más el misterio de su experiencia.

Se sintió inmensamente feliz y esperanzada. Abrió sus brazos y
bailó la mejor danza de todos los tiempos, con su rostro al sol, sus
cabellos sueltos, girando y girando con una alegría infinita. Las
flores, su perfume dulzón y sus colores vivos, se fusionaron con ella formando una mística unión con el universo todo mientras avanzaba por el camino de las lilas, hasta que llegó al borde y no supo más.

Cayó vertiginosamente por ese túnel cavernoso y oscuro. El
vértigo la asustó un poco y luego…

Abrió los ojos y con esa palmada largó el llanto. Los recuerdos
de su vida pasada se borraron instantáneamente.
Acababa de nacer.

Recibió los besos y caricias de sus padres y se dispuso a comenzar un nuevo aprendizaje.
vo

El Reflejo

Yiruma - Do You [HD Live - 1080p]



El reflejo

a Maria Ester Cruz ( Teri  )







Se levantó triste esa mañana. Su soledad se hacía sentir como
nunca antes.

Se miró al espejo con curiosidad y dolor, desconociéndose. Una
lágrima rebelde había logrado escapar de la celda en que la tenía
atrapada... encerrada... sin salida... sin permitirle ver la luz, y
desafiante, recorrió un suave y armonioso camino hasta depositarse
en sus labios, dejándole su sabor salado y amargo.

Su propio reflejo, conmovido, atravesó su espejo y extendiendo una
mano lentamente, con un movimiento dulce y suave, levantó su
mentón, le enjugó la lágrima, le puso rubor a sus pómulos, le pintó
los labios de rojo, y de un cariñoso golpeteo en sus mejillas le dijo:
— ...Sal... deja que el sol bañe tu rostro... sonríe... conquista tu día,

¡vamos que se puede!

Eloísa, Abelardo y su corta historia de amor

"Adagio"- Lara Fabian 



Eloísa,  Abelardo y su corta historia de amor





Eloísa era una mujer sencilla, trabajadora, sin idas ni vueltas..

Nacida en las inmediaciones del Bermejo, con un espíritu noble, que, al igual que las turbias y rojizas aguas del río, a veces se mostraba tranquilo y manso y otras, una increíble turbulencia se apoderaba de él.

Su alma era la de una sirena fluvial que intentaba resguardarse
de sentimientos amorosos que mantenía latentes en su interior sin atreverse a vivirlos, aunque cada vez que un viento cálido de primavera la envolvía, ella anhelaba esa caricia que tardaba en llegar.

Esta chinita trabajadora y rústica, como todas las chinas del
pueblo, siempre solitaria y melancólica, un día se quedó dormida olvidando sus sollozos, y se vió allá, a la distancia, donde comienza el tiempo, y se separa el pangeas formando los mares, emergiendo de las aguas, asomando a la superficie de un salto, con su piel tostada por el sol y sus largos cabellos que cubrían, como un cálido manto, su piel terrosa como las aguas del rio, cabalgando en la primera ola de la creciente, sumergiéndose en sus revueltas aguas y emergiendo con placer ante los rayos del sol...

Se vió trepando a los árboles de la ribera en las siestas amables y tranquilas...

Se ¡seacubruó recogiendo las lágrimas vertidas por los sauces llorones y guardándolas dentro suyo hasta que, en las diáfanas noches de luna, cuando su tremenda soledad doliera, desbordara en llanto...

Eloísa, soñadora como era, esperaba que un día cualquiera
apareciera un hombre en su vida... Su hombre... ese compañero que necesitaba para pelearle a la soledad... ese mago que hiciera aparecer conejos y pañuelos de colores desde su galera... cazador de ilusiones... hacedor de sueños...

 Pero se sumaban sus años, y el tiempo no se detenía nunca, al igual que las aguas del Bermejo que  siempre corrían... y corrían... y corrían... hasta que un día, en uno de sus paseos por el monte, al atardecer, entonando una canción, se enredó con un hacha que, marcando su ritmo, cayó a sus pies.

Sorprendida, buscó con la mirada a su alrededor y, por primera
vez, contempló a Abelardo, allí, cayendo la tarde... tumbando un ñandubay...

Abelardo era un leñador, grande, fuerte, rudo, pero también ,
como ella, con el alma enredada en viejas y tortuosas historias que escondía en lo más profundo de su alma y que le impedían decir: te quiero. Tal vez por eso ó por la aislada melancolía que pintaban sus días, se mostraba hosco y de una parquedad tal que asustaba a cualquier ser humano que se le acercara...

Ella calló su canto y él dejó de hachar.

Eloísa y Abelardo, frente a frente, se miraron, se reconocieron, se sonrieron.

Él le invitó con agua fresca y el tronco del árbol recién hachado se transformó en cómplice banco para su íntima charla en que se confiaron soledades, distancias, anhelos... 

Abelardo, poco a poco fue dejando sus armaduras internas sobre el ñandubay y, haciéndose cada vez más visible ante los ojos de Eloísa; encontrándose ambos en un esperanzador intento de escribir una nueva página en sus vidas.

Se miraron con alegría e incertidumbre... sin la bravura pasional de la juventud... sin esperar nada...

Solo querían que sus órganos hablaran, que sus sentidos
despertaran, que la brasa encendida que guardaban en el pecho los incendiara....

Se tomaron de las manos y, bajo la clara luz de la luna, desde el
corazón, se confiaron sus historias más dolorosas e íntimas, y se
contaron cosas que no supieron expresar con sus palabras... y,
entonces, conversaron sus cuerpos... y sus pieles se erizaron... e
hicieron el amor de una manera suave, afectuosa, nacido pleno de deseos controlados por el tiempo, de apetitos dominados por sus propios y ancestrales temores...

El cuerpo... la piel... todos sus sentidos se encontraban... se
reconocían... se abrían a sus mas recónditas y escondidas
emociones... Sus almas se abrazaban en una profunda entrega total, mansa y placentera... encontrando su ritmo único, cadencioso, musical, despojándose, lentamente, de los nudos que los ataban.

Con el alba, llegó la despedida, y Abelardo, sabiendo que ambos serían arrastrados sin piedad a sus realidades, colocó en sus manos un regalo: un hermoso ñajcha para peinar sus rulos, única prueba de la existencia de ese amor.

Una lágrima en los ojos de Eloísa se confundió con las aguas del río al comprender que Abelardo, como el fantasma que habitaba en su mente, se había manifestado ante ella, tentándola con deliciosas manzanas dulces y apetitosas que su boca mordiera con placer y, con tristeza , aunque agradecida por haber sentido tan vívida e  intensa ilusión, le dijo adiós, intuyendo que jamás volvería a verlo y, con gran determinación, tomó una decisión de la cual sería muy
difícil retornar:

Habiendo amado... había vivido... ya no tenía sentido abrir sus
ojos al día siguiente...

Buscó una espina de opuntia y con ella se atravesó el corazón.
Con sus largos dedos aferraba fuertemente el ñajcha que él le
obsequiara como tierno y fiel símbolo de su amor.

Con el paso del tiempo, el canto de Eloísa se escucha, aún en
nuestros días, entrelazarse con el sonido crujiente de las hojas secas de los árboles, y el viento lleva esta canción que habla de serena soledad por el poblado.

Dicen las chinitas del lugar que en las frías y ventosas mañanas de julio... el monte llora...