La vida es simple
a Teresa Santillán





No la mires con pena porque piensas que está desnuda, que nada
tiene... no, no la mires con pena... tú no lo sabes pero ella, lo tiene...todo...

Ella tiene: sus sábanas blancas donde ama y es amada, sin culpas, sin prejuicios, sin miedos... papel de astrasa, limpio y perfumado cubriendo su mesa como un fino mantel bordado en filigrana, en inequívoco símbolo de su dignidad de vida... un trozo de pan de campo que comparte con sus amigos... una jarra con agua fresca para calmar la sed del que se arrime a su puerta... y tiene, también, en aquel rincón cercano a su ventana, un florero; un florero  de líneas simples y tranquilas como su espíritu... con grandes girasoles, que todas las mañanas le enseña a adorar el sol.



Phobos




Phobos








Durmió veinte años de corrido, sin tener ningún movimiento,
ningún pensamiento, ninguna experiencia ni emoción que la hiciera
vibrar, hasta que él apareció insistente y se sentó a sus pies.

Encendió una hoguera muy débil, pequeñita y tímida, pero
cuando ese fuego se hizo más intenso, ella despertó. Sus ojos lo
miraban con curiosidad, y su piel se calentaba, comenzando a sentir
un olvidado cosquilleo que le subía desde los dedos de sus pies a su
cabeza, mientras él recorría su cuerpo, sin tocarla...

Solo su mirada y su respiración tan cercana la inquietaban...

En un breve instante de lasitud le dijo: “¿Me llevas a la luna?”

Él le tendió las manos, la cargó en su corcel y emprendieron el
viaje en una insinuante y prometedora cabalgata estelar durante
siete horas. Ella ofrendó toda su confianza y deseos a su caballero
de ensueños. Al llegar, la bajó con delicadeza y, con la promesa de
que allí estarían juntos por toda la eternidad, la apoyó contra las
rocas de un acantilado, haciéndola sentir acorralada, cercada por
esa mirada, penetrante y lasciva que la mantenía cautiva, y su voz
susurrante y lujuriosa en su oído. Se sintió temblar de placer
anhelando desesperadamente una caricia abrasadora que nunca
llegaba.

La invitó a un juego de amor que auguraba sumo placer, sobre el
que no tenía ningún conocimiento, para el cual no estaba preparada,
pero que, ante la excitación del momento ansiaba conocer.

Así vivió un amor de sometimiento... de miedo... de dolor, pero con
cada beso largo, profundo, desgarrador e intenso acariciando su
lengua, mordiendo sus labios con ímpetu y extrema rudeza, decidía
seguir esperando esa sensación lacerante, pero tremendamente
excitante hasta que un delicado hilo de sangre brotara tenue de su boca, bebiéndola con fruición.

Sólo así eran transportados, por fin a un orgasmo pleno que los
dejaba lasos, en calma… y por fin... en paz…

Ella se sabía muy enamorada, pero ese amor, con el paso del
tiempo era más intenso y violento... lastimaba tanto que marcaba sus
huellas en el cuerpo y en el alma, dejándola mas sometida aún, sin
voluntad... sin criterio propio.

La angustia y el temor la iban minando. El juego de amor era
perverso, sádico, masoquista, pero, pese a lo tenebroso, muy
excitante…

¿Hasta cuándo duraría?... ¿Cuánto tiempo más podría continuar
si ella misma esperaba con ansiedad que él pusiera sus manos sobre
ella… esa cinta suave y perfumada anudada a su cuello… hasta
quitarle la respiración… hasta perder la conciencia?

Estando casi sin sentido, se daba cuenta de que esta no era la
luna de sus sueños ingenuos e inocentes que la ilusionaban, esa luna
hermosa, plateada y luminosa que reflejaba su cara en las aguas
serenas de una laguna…

Esta luna era Phobos: oscura… fría… rocosa… donde el miedo
era cada vez mayor.

Se estremeció y se sintió muy pequeña


Atrapar la felicidad




Atrapar la felicidad
a Il777 Reina Soñante





Cuando escuches el canto de los grillos en tu jardín... shh... no los
espantes... shh... cuídalos... shh... son los portadores de la
felicidad....

Sí. Como lo oyes... así supo un día, que los grillos, eran los
portadores de la felicidad y que por eso, cuando su... “cri -cri....cri -
cri...cri. - cri...” resuena en las noches de luna, después de una
lluvia de verano dándonos una serenata desde la ventana que da al
jardín, debía agradecer, porque ellos anunciaban con su canto,
alegría y bienestar...

Fue entonces cuando sintió tanta curiosidad por conocerla y
tenerla para sí, que inició una intensa y ardua búsqueda... una feroz
cacería... de inocente apariencia...

Migró existencia tras existencia por todos los confines del
universo, atrapando a todos los grillos que se cruzaban en su camino
y guardándolos en su preciada cajita grillera, hasta agotar, en esta
desesperada búsqueda, todas sus vidas posibles... en todos sus
universos... quedándose sin energía... sin savia... sin tiempo...

Cuando por fin todos los grillos de la eternidad fueron solo suyos,
ya no le quedó ni una sola vida para ser feliz...

Claro... esta historia es difícil de creer... shh... no lo cuentes... shh...
esto que te confío es un ancestral secreto de los dioses... shh... en su
última vida, habiéndose transformado en un grillo... shh... también
quedó atrapado en su cajita... shh...

Confusión de sí




Confusión de sí





El día de su cumpleaños número setenta se tomó una fotografía
como todos los años, entre risas, felicitaciones y buenos augurios de
sus amigos y familiares.

En la soledad de su cuarto, sentada en la cama, la observó con
detenimiento, pensado quién sabe en qué.

Cerrando sus ojos, dejó aflorar sus recuerdos y en ellos se
observó... se comparó...se vio... sí... se vio a sí misma, sin poder
entender cómo, esa mujer tan quieta, plasmada en esa imagen fuera
su reflejo, con ese gesto risueño del instante del brindis, con esa
mirada plácida y serena, con ese cuerpo robusto, con sus cabellos
blancos, con su piel de cuero curtido por los años. Y el impacto fue...
¿fuerte?

No se reconoció en ese espejo... no se reconoció a sí misma ni
pudo comprender lo sucedido...

Se preguntaba: ¿cómo pasó? ¿cuándo? ¿dónde?

No podía ser... tal vez fuera un sueño... si ella se sentía finita,
lánguida, liviana, con un vestido de fiesta y flores en el pelo... si por
sus venas corría la savia del amor... si en su jardín reverdecía
nuevamente la primavera perfumando su esperanza... si en todo su
cuerpo sentía el fluir de la vida... y en su corazón... ah...en su
corazón galopaba una tropilla de caballos ante la mirada de su
amado cuando juntos marcaban el ritmo de su canción...

De pronto, la puerta de la habitación se abrió y la tierna voz de su
nieto le dijo: “Abu... ¿me cuentas un cuento?” ... y entonces sí.
Comprendió.

El iceberg...




El iceberg...







Aunque alardeaba de ser majestuoso y gélido como un iceberg,
un día se derritió y su deshielo dejó en libertad un agüita clara y
límpida que formó un caudaloso río bordeando el cordón de la
vereda, cuando una cálida y placentera brisa se levantó dejando a
sus pies un barquito de papel.

Lo tomó en sus manos, lo miró con nostálgica ternura y decidió
depositarlo en su cauce... treparlo... levar anclas... y partir...

Y en ese viaje lleno de aventuras, echó sus pájaros a volar.


Un café... una historia









Un café... una historia






Al verla, la gente comenta con pena sobre su vida tan solitaria
sentada siempre ante la misma mesa del bar, tomado un café,
mirando quién va... quién viene... pensando... escribiendo...
¿esperando quizás?... pero lo que no saben es que Sofía no conoce la
soledad. Siempre, siempre está acompañada de cientos de
personajes que viven y conviven en ella, y que, mientras toma su
café, y mira a la gente pasar, y piensa, escribe... escribe y escribe...
mil historias.







El festejo



El festejo









Todos alrededor de la mesa disfrutan del encuentro; con risas,
recuerdos viejos, proyectos nuevos... la hora se acerca.

Están alertas, listos para el gran suceso.

Se levantan de sus sillas y de repente, un gran estruendo... los
perros aúllan desesperados y el cielo parece venirse abajo con una
impresionante lluvia de estrellas. La puerta se abre dando paso a él,
joven, arrogante, bello, lleno de esperanzas, de sueños por cumplir.

Ante su irrupción tan avasallante, nadie repara que, con lágrimas
corriendo por sus mejillas, caminando lentamente, apoyado en su
bastón, se aleja el año viejo para no regresar.













Doña rosa la sin piel y su renacimiento





Doña rosa la sin piel y su renacimiento
Relatos breves para ser leidos entre una estación y otra del subte
Dedicado a mimadre, víctima de viejos tiempos





(c) Autor: Lacarancha
Número de registro de propiedad intelectual: 1107159688116
Impreso en la Argentina.
Primera edición: Diciembre 2011
Ediciones Masmédula LP
26 Nº 2413 (1900) Buenos Aires, Argentina
Cel.: +54 221 6033320
e-mail: edicionesmasmedula@gmail.com
Diseño de tapa: Esteban F. Aquino
Diseño de interior: Esteban F. Aquino
Libro de edición argentina.
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte,
ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma,
ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por
fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.
Este libro se terminó de imprimir en el mes de diciembre de 2011,
en los Talleres Gráficos Masmédula LP, 26 Nº 2413, La Plata, Buenos Aires, Argentina.



Prologo

“¿Qué es literatura? – El lugar de encuentro de dos almas.” Dubos

¨Entonces, alguien me gritó que me detuviera. Y el carro pasó a toda
 velocidad frente a mis ojos…¨ así concluyó Gabriel García Márquez su anécdota; como su madre no le dio demasiada importancia, entendió cuán importante es contar bien una historia. La forma de decir las cosas es lo que hace que esta se convierta en literatura. Y Lacarancha consigue atraparnos en sus redes con la mayor de las simplicidades, con un dulce y natural pasar de las palabras.

Un prólogo debe atravesar por completo a la obra; debe no solo analizarla,
sino también entenderla y saber aconsejarla.

Tengo una lágrima atravesada en la sonrisa mientras escribo esto. Sé que debo ser objetiva, pero no puedo. Como editora responsable de esta primera publicación,he sido la lectora más afortunada y le debo mostrar sobre todo a ella que cuando escribe se la puede ver tal cual es. Porque ella no se ha alejado de su escritura, no tanto como para que yo me aleje de mí misma, en esta presencia fugaz y decorativa,en esta genialidad.

He tenido la suerte de conocer a Lacarancha sin necesidad de escucharla o de
verla. La leí, eso sí. Y me atrevo a decir que ella es como escribe.

Sábato dijo en alguna ocasión que Dimitri Karamazov y Dostoyevski se diferencian en que Dimitri no hubiera podido escribir Los hermanos Karamazov; pero me hubiera gustado mostrarle una obra cuya protagonista tiene tanto de la autora, que incluso quizás ella misma podría haber escrito un libro que se titule “Lacarancha la sin piel”.

Pero les estoy mintiendo al decirles que esta obra tiene una protagonista. Para mí, esa protagonista somos todas y cada una de las mujeres, o todos y cada uno de los hombres (creo que compartirá usted conmigo este pensamiento al terminar de leer la obra).

Ella también les ha mentido. ¨Relatos breves para ser leídos entre una estación y otra del subte¨ pretende dar la idea de que son historias simples, historias que no demandarán de usted mucho esfuerzo ni dedicación. Pero le aseguro que esto queusted está a punto de leer le demandará tantas lecturas como edades en su vida pasen. Yo lo he leído ya varias veces; y lo bello es que dejaré que me espere escondido en algún estante. Y espero encontrarlo dentro de unos años, cuando mi piel se haya ya desmadejado por su uso, y entonces, tendré la oportunidad de tomar un baño de palabras que me rejuvenezca.

¿Quién es Lacarancha? Lacarancha es una mujer de quien usted querrá ser amigo porque su literatura dice muchísimo: a veces a gritos, otras en voz baja, alguna que otra vez, casi en señas… y lo mejor de todo es que dice lo que ella sabe que hay qué decir, porque ella no solo habla para afuera, sino también para adentro y para las mujeres que están con ella, detrás de ella y para las que vienen; es un libro que no solo le regalaré a mi hija, sino también a mi madre.

Es una mujer que logró convertir el dolor en armas contra la chatura de este mundo que rodea a los artistas, porque si hay una palabra que la define, más allá del simple ¨escritora¨ es el título de artista. La sensibilidad de sus relatos lo llevará a lo más profundo de su naturaleza.

Logró convertir el dolor en esperanza. Y es una esperanza en la literatura que viene desde la literatura, porque no se ha olvidado del poder de la palabra para contar, para comunicar y para sanar: es una literatura sanadora, son cuentos que dignifican y que purgan.

Los textos que se incluyen dentro del canon restringido que es la literatura, deben tener esta característica: ser puente entre autor y lector; pero no solo debe unirnos a ella, sino que nos debe unir a emociones que traspasan lo contemporáneo y lo individual. Porque lo atemporal y universal es un rasgo indispensable para lograr un texto literario y, sobre todo, que llegue.

Y entonces, justo ahora, que estoy siendo un puente entre el lector y la obra me doy cuenta de lo que realmente quise decir, y de lo que realmente es importante que se diga en este prólogo, y es solo una palabra: sinfronismo. Y esto significa afirmar que la literatura es el lugar de encuentro entre dos almas. Aldana Aquino

El prólogo es la manifestación del cariño: yo también te quiero, Aldana.

Agradezco a Alicia Dumois y Carlos Blanco especialmente








Y ahora te invido a disfrutar de la lectura







































Doña Rosa












Doña rosa la que toman en sorna. 

Doña rosa, la que subestiman cuando generalizan en la radio, en la tele, en el diario… 

Doña rosa la sin piel… la más solidaria, pero también la más chismosa, 
es una mujer; una mujer como vos, como yo, como cualquiera, aunque use ruleros y barra la vereda envuelta en un batón floreado y con ojotas mientras chismorrea con la doña rosa de al lado con quien comparte, tal vez sin saberlo, la misma frustración e igual humillación; la que se levanta temprano para ir al mercado, la que sabe a la perfeccel precio de las verduras y también responde, sin equivocarse, con quién salió la vecinita de enfrente , la que prepara la comida diaria durante tres horas y se come en diez minutos, la que limpia sobre lo limpio, la que llora a escondidas, la que finge las risas, la que se hace la boba; la que en un interviú, mientras cada uno de los integrantes de la mesa familiar se enfrasca en sus cosas,  
mira todas las novelas de la tarde, y sueña, y vive historias ajenas sufriendo en carne viva como si fuesen las propias y se seca el río de lágrimas con una  franela. 

Por las noches, si hace calor, saca su sillón y se sienta en la vereda a tomar unos mates. Observa quién llega, quién se va, con quién, dónde… 

E imagina… imagina… imagina… 

Cierra sus ojos y su espíritu por unos momentos se siente libre; se hace finito y cristalino como el agua calma de una vertiente y en un suspiro, cual lazo de seda que resbala de sus manos, escapa por sus labios y sobrevuela paisajes infinitos de otras realidades que nunca se atrevió a vivir y deja volar su mente lejos, muy lejos, y la invaden los recuerdos de experiencias viejas 
de las que jamás, nunca, persona alguna se enteró; y con cada recuerdo que martillea en sus sienes, y le nubla el corazón, y le marca surcos de frustración 
en la cara, siente que lleva impreso en su rostro, su frente lacerada por esas palabras grabadas a golpes en lo más profundo de su alma y que ella siente tan dolorosamente ciertas: “Nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa… nadie escucha el grito que mi rostro expresa…” 

Y en su dolor adormecido, toma conciencia de que día a día, a través de tantos años, se fue quedando sin piel, descarnada, solo con sus huesos


Y al comprender esta, su realidad, c
omienza a moverse en su sillón como una niña autista, meciéndose muy lentamente, hacia adelante… hacia atrás… hacia adelante… hacia atrás… hacia adelante… hacia atrás… una y mil veces… mientras se deja ir. 












Y en ese dejarse ir, Doña rosa recuerda historias pasadas que aún le
duelen, y se las relata a sí misma para escucharse, para entenderse… y se
pregunta mil veces: ¿Por qué no se atrevió? ¿Dónde? ¿Cuándo nació su cobardía?...
¡ahhh!...en un profundo suspiro deja escapar vivencias viejas que
explotan en su mente desordenadamente compartidas con todas las doña
rosa con las que se siente identificada infinitas veces.

Sin proponérselo, las primeras historias que su espíritu le envía a su
mente llegan de su pasado más lejano y al mismo tiempo, cual bizarra
paradoja, tan cercano, tan actual; y, al recordarlas, trata de entender el por
qué y en qué momento se quedó sin piel.



















Argentinita de norte a sur

-Argentinita de norte a sur
 El círculo
- Rayén



DUERME NEGRITO


El circulo 

( contado en forma lineal ) 




Sucedía algo muy serio en este pueblito muy pobre, bien al norte de nuestro país, con calles de tierra y casas de adobe. Sus habitantes trabajaban en la cosecha de la caña de azúcar y recibían, a cambio de trabajar… y trabajar…y trabajar…y trabajar de la mañana a la noche, muy poco dinero.



La paga era tan poca, pero tan poca, que no les alcanzaba para alimentarse bien, y como no podían alimentarse bien, tampoco iban a la escuela, y, por lo tanto, no sabían leer ni escribir, ni mucho menos informarse correctamente sobre las cosas de la vida; y ni qué hablar de lo que sucedía en el país; ni mucho menos, en el mundo.



Acá vivían papá Ramón, mamá Josefa y sus nueve hijos, que no tenían trabajo. Y como no tenían trabajo, don Ramón, ¡pobre don Ramón! grandes lagrimones brotaban de sus ojos por las noches cuando creía que nadie lo miraba, y entonces, calmaba sus penas con el alcohol. Y así lo hacía porque nunca había ido a la escuela y no sabía pensar con claridad y lo ganaba rápidamente la angustia porque no podía mantener a los suyos.



 Mamá Josefa, que tampoco tuvo nunca la oportunidad de terminar la escuela, no tenía información sobre lo que pasaba con su propio cuerpo y, por lo tanto, se dejaba llevar por el instinto y actuaba como un animalito, y, por eso, sin quererlo, sin pensarlo, engendró nueve hijos, 
¡pobre Josefa con sus nueve hijos y sus nueve problemas!



Josefa trabajaba lavando ropa de la mañana a la noche, de la noche a la mañana, recibiendo, como todos, muy poca paga, y esa mísera paga no le alcanzaba para alimentar a su familia, ni mandarlos a la escuela. 



como ninguno fue a la escuela, ni Josefa, ni Ramón, ni sus nueve hijos, no aprendieron a pensar, y como no aprendieron a pensar, les resultaba todo más difícil, incluso ¡que lástima! tener información de los cambios de sus propios cuerpos, ni de sus emociones, ni de sus sensaciones…



¿Y todo por qué?



Porque papá Ramón no tenía trabajo, mamá Josefa nunca tuvo la oportunidad de terminar la escuela, ya que a los papás de estos papás tampoco les alcanzaba lo que ganaban y no podían mantener a sus familias.



El hijo mayor de Josefa y Ramón se llamaba José y trabajaba en la cosecha de la caña de azúcar recibiendo, como todos, muy poca paga. José satisfacía sus faltas con uno, dos, diez akullicos de coca que sus mismos patrones le facilitaban para que pudiera rendir más y dormir menos, manteniendo así la energía que debería darle el alimento que no tenía.



Como se satisfacía con coca, no sabía lo que hacía y como este pobre hombre pobre no sabía lo que hacía, tenía muchos hijos pequeños que trabajaban también en la cosecha de la caña de azúcar y aun reuniendo todos sus salarios, no se podían mantener.



¿Y todo por qué?



Porque José nunca tuvo la oportunidad de un trabajo digno.



Anacleto, el segundo hijo, tenía una gran cruz que cargar sobre sus hombros, ya que a pesar de su mucho buscar, no conseguía trabajo y como no conseguía trabajo, no podía ayudar a su familia como era su deseo másgrande.



Anacleto lo intentó todo. Buscó por todos lados. No quedó una personaen el pueblo sin que le pidiera, rogara, suplicara por un trabajo… y como no pudo ayudar a su familia se agarró de la primera mala idea que se le cruzó por la cabeza y aprendió a robar, y como aprendió a robar, cayó varias veces preso, y como cayó varias veces preso nunca nadie lo aceptó, y como nunca nadie lo aceptó, el pobre, el triste



Anacleto no pudo jamás rehacer su vida…



¿Y todo por qué?



Porque Anacleto nunca pudo conseguir trabajo para vivir con dignidad.



Los seis hijos pequeños: Pancracio, Samuel, Belinda, Coquito e Isidora, a quienes no podían alimentar bien, estaban enfermitos y como estaban enfermitos, no podían jugar y se sentían muy tristes… y como se sentían muy tristes, no conocían la risa, ni los caramelos, ni ningún otro dulce.



¿Y todo por qué?



Porque papá Ramón no tenía trabajo, y a mamá Josefa no le alcanzaba para alimentarlos ni vestirlos ni mandarlos a la escuela ni estar con ellos.



Margarita, la hija de quince años, era la única de los nueve hermanos que había podido ir a la escuela, pero como su mamá nunca le pudo informar sobre los cambios de su propio cuerpo, porque Josefa misma no los conocía, y perjudicó a su hija sin quererlo cuando Margarita conoció el amor y en su pancita creció un bebé por desconocimiento de los noviecitos.



Margarita se desesperó y se asustó muchísimo, y dejó en el llanto hasta la última de sus lágrimas cargadas de dolor, de miedo, de incertidumbre.



Margarita sintió tanto miedo que huyó lejos de su casa, sin atreverse a hablar con sus padres, y en ese nuevo andar, conoció a una familia que la alojó en su hogar sin conocer ese gran círculo del nunca acabar en que vivían Margarita, papá Ramón, mamá Josefa y sus ocho hermanos.



Y esta familia se enteró de su historia y trató de ayudarla. Por fin alguien se había conmovido con tanto dolor y tendió las manos brindando a Margarita…una buena información…y educación… y trabajo…



Margarita aquietó sus miedos cuando supo que el amor no manchaba, y apagó su angustia cuando supo que no estaba sola, y recuperó la esperanza cuando mamá Josefa, cuyo amor fue más sabio que su no buscada ignorancia, se enteró dónde estaba y le escribió la carta más bella que se haya escrito jamás… la del amor más puro, el más grande entendimiento:


“Querida hijita ojala que al llegar este umilde papel te encuentre bienquedando nosotros regular. 
mirá mi flaquita yo quiero que me conteste esta
la carta que tei escrito y también quiero que me digas si leas avisao a la señora que tian echo un ijo. Yo y tu papa tamos muy priocupados con lo que tea pasado. no emo enterao por el gustavo que viene a la casa yorando ahablar con 
el ramón que se a enojao mucho pero dispues a entendido.
Son corta las noches pensando en vos mamita,
 queremos saber sies que te
loas echo sacar o no. Nosotros te vamo a apoyar en lo que decidás. Si viera hija como tan la isidora y la belinda 
porque sean enterao porque loan escuchao al ramón
 insultar y pegarle una buena chirliada al
gustabo que yoraba y yoraba y pedia que te perdonemo
 y que te busque.
Mira mi consuelito margarita, tu papa como siempre sin trabajo. bueno mamita sin tener ma que contarte me despido con el cariño mas grande.
Ispero tu contestación lo ma pronto posible.
 no te olvide que tu madre sufre.
Aquí ya noe vida la vida sin vo mi consuelito
Cariño chau hijita
Josefa”

Y Margarita volvió al hogar.


Y ya no importaba si había decidido o no tener a su bebé. Lo que importaba era que Margarita, la del nombre de flor, volvió y enseñó a mamá Josefa y a papá Ramón cómo hacer para no tener más chiquitos que no pudieran mantener.



Volvió y enseñó a sus hermanitos cómo hacer para que no pasaran lo mismo que a ella…



Y margarita, que en poco tiempo aprendió a pensar, a analizar sus actos, por lo menos un poquito mejor que hasta entonces, llevó a los suyos esa lámpara encendida que iluminó sus caminos y logró, con ganas, y con esfuerzo, abrir ese gran círculo del nunca acabar… y escapar por esa luz.



Y todo esto pasó.



¿Por qué?



Porque ninguno tenía un trabajo con una paga respetable, que les permitiera vivir con dignidad, con respeto, con fe en un futuro mejor







Rayen




38 grados de calor. Dos la tarde. Rayén caminaba, casi corría por esas angostas vereditas porteñas. El vapor del asfalto, los altos edificios, y su paso apresurado, sin rumbo cierto, la llenaban de una energía espesa, negativa y oscura.

De su frente y de sus mejillas brotaban grandes gotas mezcla de sudor y de llanto.


Los recuerdos se agolpaban sin sentido, uno a uno, desordenados, como una película inentendible aún. A su mente llegaban las imágenes de su infancia, allá, en Huinganco, pueblito perdido entre los caminos neuquinos.



Las veces que de niña se había refrescado en las aguas del río Neuquén, y disfrutado de su paisaje, y amado sus tierras.



Su espíritu mapuche voló hacia esos lares, tratando de buscar la sabiduría de sus ancestros, recordando con dolor cuando, ya entonces, vivían en inferioridad de condiciones respecto al hombre de poder.



Y vio a su padre tragando su orgullo y bajando la cabeza.



Ellos, los poderosos del pueblo, subieron a todos al camión con menos respeto que el que ellos tenían por sus cabras cuando llegaba la veranada.



¡Iban a votar! ¡A cumplir con su derecho cívico 
que tanto costó conseguir!



Como tantas otras veces, recibiendo cada uno ese sobre cerrado, con la boleta dentro, y firmado por el mismo presidente de mesa de todas las elecciones, para que luego los justos resultados reflejaran el triunfo del mismo partido, viajaban esperanzados. Ni siquiera tenían que pensar. Ya otros lo habían hecho por ellos y eso era para agradecer.



Les advertían que ese era el sobre que, sin que nadie lo supiera, debían colocar en la urna y traer de vuelta el otro vacío y firmado también, que les darían en la mesa. Solo así, con esta prueba en su poder, ellos tendrían derecho a seguir en esas tierras que consideraban suyas.



Y en ese momento, con la cabeza gacha, y el orgullo herido, ni las cabras, ni el cultivo de tulipanes, ni su río, ni nada le brindaba consuelo.



Recordó también que al crecer, se había mudado a Bs. As. en busca de trabajo; que pasó miserias de todo tipo; 
que repitió su historia.



Su pobreza y soledad fueron caldo fácil para los poderosos de turno, quienes, aprovechando su desamparo, la incitaron a tomar una vivienda que tanta falta le hacía.



Sus hijos eran muy chicos y no tenían dónde dormir.



Tomó esa casa con el amparo de ellos, a cambio de hacer número en sus manifestaciones, a cambio de su voto, a cambio de su afiliación.



Lo que había hecho no la enorgullecía, no, al contrario…



Y hoy, corría… y corría… y corría…



Debía llegar a tiempo. Debía detener a su hijo. Rescatarlo. Abrazarlo. Cuidarlo.



Una vez más su familia repetía su historia con los mismos abusos y humillaciones.



El correr no alcanzó. Fue tarde ya.



Viéndolo allí, muerto, se abrazó a él y
 rompió en un llanto desesperado.


Se estremece. Se duele. 
Sus tripas se retuercen de ira, su congoja no cede y

sus recuerdos se agolpan uno tras otro pero,
 aún así no logra comprender ni

cómo ni por qué se deja estar y se castiga a sí misma, 
y se queda sin piel… a solas con sus huesos…


Y sigue buceando en ese océano de preguntas sin respuestas.