La promesa




La promesa





Los verdaderos amigos duran para siempre, por eso, cuando ellos partieron, al verse tan sola recordó una antigua  promesa y decidió ir tras ellos.

Ansiosa e ilusionada subió  al piso 22 y desde allí, quiso probar la grata sensación de volar ...

Abrió sus brazos... respiró profundamente y con  un nervioso movimiento de su boca  pareció degustar...saborear con sumo placer  el aire puro que llenaba sus pulmones y llevar como valioso regalo el recuerdo esa última emoción: la de respirar .

Con una esperanzada sonrisa en los labios, se lanzó al vacio... y así , después de tanto tiempo, los encontró y todos juntos al fin, se abrazaron emocionados e hicieron una gran fiesta .

Bailaron, comieron, brindaron y se juraron no volver a separarse    ! jamás !...






Las mujeres del general




Las mujeres del general




El día que murió bussi ahogado en la sangre que derramó  bajó a los infiernos.

De tanto calor bebió mucha agua y se volvió a morir.

 Bajo a los  infiernos, y, como el calor seguía siendo intenso, continuó bebiendo agua  y otra vez  volvió a morir.

Nuevamente bajó  a los infiernos de los infiernos y la sed, por  tanto fuego no se apaciguó y se bebió todo un mar de agua salada y se volvió a morir.

 Nuevamente bajó a los infiernos. La sequedad de su garganta era tan grande, pero tan grande  que bebió una vez más   de esa inagotable fuente de agua salada que formaban un mar las  lágrimas de sus víctimas.

En este recorrido turístico de infierno en infierno  un sequito de mujeres  del  general  lo escoltaron  en su partida compadeciéndose de su sufrimiento y rindiéndole  santo tributo.

 En la vereda de enfrente, una mujer con su sombrillita protegiéndose del intenso sol esperaba por un cliente. Este  apareció…se acercó… le dijo… ¿Cuánto?...y ella se fue con él.

 Las mujeres del general, escandalizadas, la señalaron con el dedo.







La muerte del árbol








La muerte del árbol









Hoy es mi día especial para encarar este tema. 

En mi jardín, tenía un olmo inmenso, de más de 10 m de alto, con sus raíces exageradamente largas e invasivas. Sus brazos desordenados y enormes eran verdaderos árboles aéreos de gran porte que cubrían los techos y cobijaban los nidos de los horneros. En su copa cientos de pájaros alegraban mi despertar por las mañanas y me protegía del intenso sol en el verano. 

Un mal día decidí sacarlo y contraté un “arbolero” que pasó muchas horas estudiando, analizando el lugar exacto en que anudaría las sogas; el momento justo en que sus compañeros jalarían de la misma para coincidir con el último hachazo que haría caer esa rama en el lugar indicado. 

La contienda entre el olmo y el arbolero fue feroz. Sus ramas respondían con dureza a los hachazos, se agitaban, cimbraban con fiereza ante cada golpe, silbaban con el viento y ese silbido se asemejaba mucho a un aullido de dolor. Presenciar esta lucha entre el árbol y el arbolero fue estresante para mí y una agonía lenta y dolorosa para el olmo. Sus raíces le impedían huir de su asesino. 

Intente acariciar su tronco lastimado por los primeros golpes y me conmovió ver unas enormes gotas melosas y oscuras derramarse, lentamente, por su corteza, dándole un terrible marco a la dolorosa y lenta muerte del árbol. 

Sentí dentro de mí una congoja indescriptible. 

Palpité su dolor. 

Me quebré por la culpa. 

Mi corazón se estrujó. 

Phobos





Phobos







Durmió 20 años de corrido, sin tener ningún movimiento, ningún pensamiento, ninguna experiencia ni emoción que la hicieran vibrar, cuando él apareció insistente y se sentó a sus pies. 

Encendió una hoguera muy débil, pequeñita y tímida, pero cuando ese fuego se hizo mas intenso, ella despertó. Sus ojos lo miraban con curiosidad y su piel se calentaba comenzando a sentir un olvidado cosquilleo que le subía desde los dedos de sus pies a su cabeza, mientras el recorría su cuerpo, sin tocarla.. 

Solo su mirada y su respiración cercana la inquietában... 

En un breve instante de lasitud le dijo - me llevas a la luna?... El le tendió las manos, la cargo en su corcel y emprendieron el viaje en una insinuante y prometedora cabalgata estelar durante 7 horas. Ella ofrendó toda su confianza y deseos a su caballero de ensueños- 

Al llegar la bajó con delicadeza y con la promesa de que allí estarían juntos por toda la eternidad,.la apoyo contra las rocas de un acantilado haciéndola sentir acorralada, cercada por esa mirada penetrante y lasciva que la mantenía cautiva y su voz susurrante y lujuriosa en su oído Se sintió temblar de placer anhelando desesperadamente una caricia abrazadora que nunca llegaba. 

La invitó a un juego de amor que auguraba sumo placer, sobre el que no tenia ningún conocimiento, para el cual no estaba preparada, pero que, ante la excitación del momento ansiaba conocer. 

Así vivió un amor de sometimiento,... de miedo...de dolor,…pero con cada beso largo… profundo… desgarrador e intenso acariciando sus lenguas, mordiendo sus labios con ímpetu y extrema rudeza, decidia seguir esperando esa sensación lacerante, pero tremendamente excitante hasta que un delicado hilo de sangre brotara tenue de sus bocas, bebiéndola con fruición. Solo así eran transportados, por fin a un orgasmo pleno que los dejaba lasos, en calma… por fin,,, en paz… 

Ella se sabía muy enamorada, pero ese amor, con el paso del tiempo era más intenso y violento…. lastimaba tanto que marcaba sus huellas en el cuerpo y en el alma, dejándola mas sometida aún, sin voluntad ... sin criterio propio. 

La angustia y el temor la iban minando. El juego de amor era perverso, sádico, masoquista, pero, pese a lo tenebroso, muy excitante… 

¿Hasta cuando duraría?... Cuanto tiempo mas podría continuar si ella misma esperaba con ansiedad que el pusiera sus manos sobre ella… esa cinta suave y perfumada anudada a su cuello …hasta quitarle la respiración…. hasta perder la conciencia...? 

Estando casi sin sentido, se daba cuenta que esta no era la luna de sus sueños ingenuos e inocentes que la ilusionaba, esa luna hermosa, plateada y luminosa que reflejaba su cara en las aguas… 

Esta luna era Phobos : oscura… fría… rocosa… donde el miedo era cada vez mayor. 

Se estremeció y se sintió muy pequeña. 


Eloísa, Abelardo y su corta historia de amor.






Eloísa, Abelardo y su historia de amor







Eloísa era una mujer sencilla,

trabajadora, sin idas... sin vueltas...

 Nacida en las inmediaciones del Bermejo,  con un espíritu noble que, al igual que las turbias y rojizas aguas del río, a veces  se mostraba tranquilo y manso y otras  una increíble turbulencia se apoderaba de él.

 Su alma era la de una sirena fluvial que intentaba resguardarse de sentimientos amorosos que mantenía latentes en su interior sin atreverse a vivirlos, aunque cada vez que un viento cálido de primavera  la envolvía ella  anhelaba esa caricia que tardaba en llegar.

Esta chinita trabajadora y rustica como todas las chinas del pueblo, siempre solitaria y melancólica,  un día se quedo dormida olvidando sus sollozos, y se vio allá, a la distancia, donde comienza el tiempo, y se separa el pangeas, y se forman los mares, emergiendo  de las aguas, asomando a la superficie de un salto, con su piel tostada por el sol y sus largos cabellos que cubrían, como un cálido manto ,su piel terrosa como las aguas del río  cabalgando en la primera ola de la creciente, sumergiéndose en sus revueltas aguas y emergiendo con placer ante los rayos del sol...

Se vio  trepando a los arboles de la ribera en las siestas amables y tranquilas ...

Se vio recogiendo las lagrimas vertidas por los sauces llorones y guardándolas dentro suyo  hasta que en las diáfanas noches de luna, cuando su tremenda soledad doliera, desbordara en llanto ...

Eloísa , soñadora como era, esperaba que un día cualquiera apareciera un hombre en su vida...Su hombre...ese compañero que necesitaba para pelearle a la soledad... ese mago que hiciera  aparecer conejos y pañuelos de colores desde su galera... cazador de ilusiones... hacedor de sueños....pero se sumaban sus años y el tiempo no se detenía nunca, al igual que las aguas del Bermejo que siempre corrían...y corrían... y corrían... hasta que un día, en uno de sus paseos por el monte, al atardecer, entonando una canción , se enredo con un hacha que marcando su ritmo, cayó a sus pies.

Sorprendida, busco con la mirada a su alrededor y , por primera vez vio a Abelardo, allí, cayendo la tarde... tumbando un ñandubay...

Abelardo era un leñador, grande, fuerte, rudo, pero también , como ella, con el alma enredada en viejas y tortuosas historias que escondía en lo más profundo de su alma, y que le impedían decir: te quiero. Tal vez por eso, ó por la aislada melancolía que pintaban sus días se mostraba hosco y de una parquedad tal que asustaba a cualquier ser humano que se le acercara..

Ella callo su canto y el dejo de hachar.

Eloísa y Abelardo, frente a frente, se miraron , se reconocieron, se sonrieron.

Él le invito con agua fresca y el tronco del árbol recién hachado  se transformo en cómplice banco para su intima charla en que se confiaron soledades, distancias, anhelos... Abelardo, poco a poco fue dejando sus armaduras internas sobre el ñandubay y haciéndose cada vez más visible ante los ojos de Eloísa, encontrándose ambos en un esperanzador  intento de  escribir una nueva página en sus vidas

Se miraron con alegría e incertidumbre ... sin la bravura pasional de la juventud... sin esperar... nada...

Solo querían que sus órganos hablaran,  que sus sentidos despertaran, que la brasa encendida  que guardaban en el pecho los incendiara....

 Se tomaron de las manos y bajo  la clara luz de la luna, desde el corazón,  se confiaron sus historias más dolorosas e intimas y se contaron cosas que no supieron expresar con sus palabras ...y  entonces, conversaron sus cuerpos ...y sus pieles se erizaron ...e hicieron el amor de una manera suave, afectuosa, con una mezcla de ingenuidad, de simpatía, de un  cariño recién nacido pleno de deseos controlados por el tiempo, de apetitos dominados por  sus propios  y ancestrales temores...

El cuerpo... la piel.... todos sus sentidos, se encontraban...se reconocían... se abrían a sus mas recónditas y escondidas emociones ...Sus almas se abrazaban en una profunda  entrega total, mansa y placentera...encontrando su ritmo  único, cadencioso, musical,  despojándose, lentamente, de los nudos que los ataban.

Con el alba, llego la despedida y Abelardo, sabiendo que ambos serian arrastrados sin piedad a sus realidades coloco en sus manos un regalo: un hermoso ñajcha para peinar mis rulos, única prueba de la existencia de este amor. 

  Una lagrima en los  ojos  de Eloísa se confundió con las aguas del rio al comprender que Abelardo, como el fantasma que habitaba en su mente , se había manifestado ante sus ella tentándola con deliciosas manzanas dulces y apetitosas que su boca mordiera con placer  y, con tristeza , aunque agradecida por haber sentido tan vívida e intensa  ilusión,  le dijo adiós intuyendo que  jamás volvería a verlo y con gran determinación tomo una decisión de la cual sería muy difícil retornar:

Habiendo amado... había vivido...ya no tenía sentido abrir sus ojos al día siguiente...

Busco una espina de opuntia y con ella se atravesó  el corazón. Con sus largos dedos  aferraba fuertemente el ñajcha que el le obsequiara como tierno y fiel  símbolo de su amor.

Con el paso del tiempo, el canto de Eloísa se escucha, aun en nuestros días,  entrelazarse con el sonido crujiente de las hojas secas de los árboles y el viento lleva esta canción que habla de serena soledad por el poblado

Dicen las chinitas del lugar que en las  frías y ventosas mañanas  de julio...el monte llora...



En el ocaso,,, un amor...






En el ocaso,,, un amor...






Las transparentes aguas de las vertientes, los colores ocres de las flores, la suave brisa que se cuela entre las hojas pintas de los arboles entonan una melodía de amor a la vida...

Es otoño y la luz de la luna transforma a ese solitario paraje en un paisaje de cuentos... dándole un toque especial, casi mágico     y alli, ellos... solos.. frente a frente, cada uno suspendido mas allá de sus ojos,  en la mirada dulce. profunda y ansiosa que conectaba el corazón de ella con el de el...el corazón de él con el de ella...

Sabían que pronto debían separarse y que  tal vez, jamás volvieran a verse, y ella deseo con toda sus fuerzas que el tiempo no pasara, cuando de pronto cayó aquella estrella fugaz...

Fue entonces. que se dieron un beso tan pero tan largo... tan pero tan intenso, que el tiempo, emocionado y avergonzado por su premura,  ruborizándose, los regreso a su ocaso... y se detuvo, dando así eternidad al amor

Cursi y tierno dialogo del juego amoroso



Cursi y tierno dialogo del juego amoroso



ella-      Te mando un beso

el -       ¿uno?...

ella-      empiezo con uno y  continuo con otro... y otro... y otro,,, hasta desintegrarme en vos convertida en tu aliento ...

el-        que se vuelve risa,.. y canto...y enredados en mi voz,  transformados en suspiros....      .        
            volamos..

ella        volamos juntos envueltos en este fuego que nos abrasa. y nos quema...hasta quedar             cenizas suspendidas en el espacio

el .        y lentamente, regresamos en gotas de rocío,.. húmedos,,, placidos,,, serenos...

ella .      ¿ quieres ?...

el -         si... me das un beso?...

ella        ¿  uno ?...

ella y el, ,,, el y ella,, ,disfrutan de este juego de amor infinitas veces. hasta que al fin,  , pegados uno al otro se duermen soñando que vuelven a empezar...